Cuando la Cosa llegó…nadie habría dado un peso por ella. Desnutrida, sin fuerzas, vieja, con suerte tenía alguna pelusa que la cubriera porque la sarna le había arrancado el pelaje. Se escondió en la casa de mi otro perro…de ahí la sacamos y la examinamos. ¿Qué hacer?, ésta perra se está muriendo…no la podemos dejar ahí, que agonice sufriendo, que le duela hasta morir… Llamamos al veterinario, y él nos dijo que no estaba tan mal, que él le pondría una inyección y se sanaría en un par de semanas, y luego él se la llevaba a su casa. Eso sonaba bien, porque así podríamos ayudar un poco sin comprometernos a que viviera con nosotras… ¿dónde la metemos? con tanto gato, con éste perro, sin patio, con los vecinos que alegan por todo…
Mamá, no le pongamos nombre porque sino nos vamos a encariñar y como se va a ir… No le hagai mucho cariño, mira que después vamos a sufrir cuando se vaya… Yo trato de ni mirarla, pero como que ya me reconoce… ¿Comió la Cosa esa?... Está mejor la Cosa, le está saliendo pelo, ya tiene mejor ánimo ¿viste?... Se lleva bien con el perro, se están haciendo amigos… Hay que avisarle al veterinario que la Cosa ya está bien, pa que se la lleve…
Y se llamó Cosa, nunca tuvo otro nombre y nunca le pedimos al veterinario que cumpliera su palabra de llevársela. Se llenó de pelitos y de mañas de perra mimada. Regalona de mi vieja, patuda a mango. Vieja, chica y fea, se creía la reina del barrio y salía con su marido a dar vueltas eternas esquivando los autos y echándole un par de choreadas a la nada. A veces, había que darle la comida en la boca a la perla. A ella se le bañaba en la tina, con agüita tibia (pobre de ti que la quemes o la congeles), con shampoo y bálsamo, qué te creis…, el exceso de agua se quitaba con toalla y después unas ráfagas de secador, para que no le vaya a dar pulmonía. Por supuesto, ningún buen baño culminaba hasta que ella salía a la calle a revolcarse en el pedazo más lleno de tierra que encontrara.
Tan feita, tan chiquitita. Cuando la mirábamos pensábamos qué habrá sido de su vida antes. ¿Habrá tenido un dueño cuidadoso y querendón? ¿La habrán botado desde guagua? ¿Qué habrá comido todos estos años? ¿ Cuántas personas la habrán corrido de algún lugar a palos o piedrazos? Mira cómo te lame, ¿Será agradecimiento?
Estos últimos días, al tomarla en brazos para darle agua con una jeringa, notaba un algo en sus ojitos, pero qué mierda no saber qué quiere decir. ¿Te duele, Cosita? Tome agüita, nos vamos a mejorar, ¿ya? Ya, mi niña, ya…
Ahora está hospitalizada. El veterinario dice que es una insuficiencia renal, que es muy grave, que le va a hacer unos exámenes, que verá si es tratable, pero que nos preparemos para tener que tomar una decisión. Llegó casi en coma y el suero la estabilizó… Cualquier cosa me llama, si pasa algo…aunque sea de madrugada… ¿Seguro que no está sufriendo? ¿Echará de menos?... Duerma, Cosita, mañana la venimos a ver de nuevo… Ya, tu llamas al veterinario a las 6:00 a.m., yo a las 11:00 a.m., y después la vamos a ver en la tarde pa ver qué dice el examen.
¿Estará durmiendo ahora? Sonó el teléfono hace un rato y me morí de miedo. Pensé que me iban a contar que la Cosita había muerto, allá…lejos de nosotras… tal vez preguntándose por qué no la habíamos acompañado en su momento final, si habría hecho algo malo para que la apartaran de su casa, ella que ha sido tan fiel, que su peor defecto es tirar pelo y ladrar… ella que nos hizo gracias y nos lamió las manos ¿por qué tan sola ahora?
No te dejamos, mi niña. Apenas dormimos tratando de tener al menos nuestra conciencia cerca de ti. Estoy estirando el corazón para alcanzarte si es que éste es tu último minuto. Estoy desbordándome de palabras para prepararme, porque yo sé que mañana tendremos que decidir por ti. Tomo el desafío de acompañarte cuando te estés yendo, como he tomado otros en mi vida. De dejarte ir a ese lugar que me conmueve y me confunde. Espero que estén todos los que tuve que dejar ir. Que ellos te cuiden, te bañen, te den comidita en la boca y nunca tengas que pasar hambre, frio y humillaciones.
Yo estaré en mi posición, al lado de tu cama y con mi mano en tu cabeza. Buen viaje, mi niña.
PD: Los animales tienen un alma en común. Por eso es tan re grande. Quiéranlos, protéjanlos.
miércoles, enero 11, 2006
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