domingo, agosto 27, 2006

La baldosa

Hoy, al despertar, recordé un episodio de hace muchos años. Saco la cuenta…deben ser al menos 4 años atrás. Me fui de vacaciones con una amiga, yo había cumplido un año pololeando (o estaba por cumplirlo???), pero ella estaba soltera y con ganas de encontrar su amor (o al menos su “amor de verano”). Hacía algunos días que venía “amenazándome” con que debíamos ir a bailar a la disco local. Yo no sabía cómo decirle que en cierta medida, aunque las ganas de mover el cuerpo al ritmo de las canciones nunca faltan, la sola idea de meterme a una disco me sonaba un poco delicada. Me costó mucho descubrir por qué no me sentía del todo cómoda con eso, pero en algún momento de insistencia de mi amiga (que ahora no recuerdo si fue antes, durante o después de ir a la disco) terminé expresándolo. Simplemente le dije algo como “Mira, el asunto es que yo no estoy buscando pinchar con alguien, por lo tanto no me llama la atención bailar con nadie. Pero si tengo que bailar con alguien porque tu bailas con alguien, pueden suceder dos cosas: en el peor de los casos me aburro como ostra con el tipo, en el mejor de los casos empiezo a encontrarlo atractivo. Y el mejor de los casos es sumamente riesgoso para mi relación, y no quiero poner mi relación en riesgo”. Ella no lo comprendió en ese minuto. Me expuso su punto de vista, me dijo que “na que ver, ¿cómo que riesgoso?, pero si no tiene nada de malo bailar con alguien”. Y es cierto…no tiene nada de pecaminoso, traidor o criminal. Pero cuando eres ultra sincero te das cuenta de una gran verdad: el ritual de salir a bailar es principalmente una acción de búsqueda de conquista (parcial o total, temporal o permanente).

Hace más años aún, un chiquillo que estaba interesado en mi me invitó a comer y luego me iba a pasar a dejar donde unas amigas, y con ellas me iba a ir a bailar. Recuerdo que lo noté algo raro esa noche y días después me confesó que es porque sabía que ir a bailar significaba que compartiría un terreno cercano a lo íntimo con otros hombres. En el caso de él era más grave aún, porque no bailaba ni coco, así que se sentía seriamente intimidado por los hombres que tienen la habilidad y confianza de mover su cuerpo (o al menos tratar) al ritmo de la música. Al parecer los hombres están al tanto de lo altamente atractivo es para nosotras que ellos sepan o quieran bailar.

Hace un mes o un poco más, me junté con una amiga a conversar y tomar algo. El tema principal era lo enfermizo de los celos de su pololo. El chico llamó como 4 veces mientras estábamos conversando sólo para hacerle notar su aprensión. Juraba de guata que las dos nos íbamos a ir a bailar. Estaba obsesionado con esa idea. A mi me enervó su drama, pero después de pensarlo un poco le encontré algo de razón a su preocupación porque volví a recordar cuál es el trasfondo del ritual del baile.

Uno quisiera vestir, disfrazar, adornar ese ritual con cosas diferentes. Cosas que no son necesariamente mentira, como por ejemplo “¡Voy a bailar porque me gusta bailar!”. Pero simplemente uno no puede obviar las situaciones que vienen de yapa con eso. Estas en una disco, con algunas amigas, te arreglaste digna para no desentonar, tomas un trago (o dos, o tres) en la barra. No hay de qué hablar, porque el volumen de la música no te lo permite, sólo logras hacer comentarios cortos entre un punchi-punchi y otro. Comienzas a notar que tal personaje mira más de lo normal, ¿señales de interés?. Vas a la pista de baile, te mueves, te entretienes…hasta que tarde o temprano llega un tipo, generalmente acompañado del número exacto de amigos que necesita para acompañar a tus amigas, y te dice “¿bailemos?. Luego empiezan las miradas con tu grupo, necesitas saber si ellas quieren, si tu quieres, etc. Luego lanzas la respuesta, o es un “No, estamos bailando entre nosotras” o cualquier otra excusa, o un “Si” y empiezas a bailar. Una vez iniciada la parte movida del ritual vienen más señas. Si al tipo le interesas no va a pasar mucho rato hasta que se te acerque al oído, gritando y preguntándote “¿Cómo te llamai?. Después de algunos intentos por descifrar los nombres en medio de tanto ruido, vendrán otras preguntas como “¿Y qué hacís?”, “¿Qué edad tenís?”. Algunas veces, dependiendo de cuán galancete sea, las preguntas vendrán acompañadas de algún agarrón de cintura o de una extrema cercanía de su cara. Si cree que baila bien, hará despliegue de sus mejores movimientos y los alternará con algo provocativo como abrazarte, tomarte la mano, darte vueltas, acercarse, mirarte fijamente, etc.Y dependiendo del interés personal, una hará lo propio. Cosas como mirar un poquito y luego desviar la mirada, sonreír coquetamente, dejar que te encienda el cigarrillo, hacer contra-preguntas, etc. Luego, el nivel de intimidad que se alcance ya depende de los límites e intereses de cada quien. El problema grave es cuando no quieres hacer eso. Cuando por dentro estas esperando que para el tipo que está bailando al frente tuyo no sea importante ni interesante nada sobre ti. ¡Ojalá me encuentre fea y esté aquí sólo por hacerle el favor a su amigo!.

¿Por qué uno se urge cuando sientes que hay una leve posibilidad de tener que rechazar a alguien?. ¿Por qué uno puede llegar a sentirse incómoda de que alguien confunda mera amabilidad y buena onda con flirteo bailable?. Aunque yo crea que cada una puede responder distinto a esas preguntas, yo sé cuál es mi respuesta. Hay momentos en tu vida (o la vida de tu corazón, más precisamente) en que el sólo hecho de estar compartiendo ese espacio con un nn del sexo opuesto, y que ese nn se pase el rollo de que estás tratando de provocarlo, no tiene ninguna coherencia con tus deseos reales (y con deseos reales me refiero a aquellos que no se desvanecen al despertar, que están presentes día y noche contigo). Aunque asumo que hay noches en que parece perfectamente coherente el flirteo casual.

Todas estas cosas las recordé cuando me fui a una disco con una amiga. Entendí perfectamente bien que aunque lo que uno haga no tenga nada de incorrecto, el contexto no te ayuda a sentir que en verdad no te estas exponiendo como un filete para que alguien quiera comerlo. A menos que vayas a bailar con tu pololo, la pista de baile se convierte en zona de caza para cualquier soltero o soltera, porque el baile es así. Las ofertas llueven (y a más edad, se ponen más indecorosas en menor tiempo) y cuando tu no buscas que te ofrezcan nada sientes que se te acusa de hipocresía: ¿Qué haces sola en una disco si no quieres bailar y coquetear con un macho dispuesto a danzar para ti?”. Una respuesta como “Estoy aquí simplemente para bailar” no es satisfactoria para muchos. Incluso recuerdo que alguna vez algún macho me planteó ese cuestionamiento en una disco, no creyó en mi respuesta sincera de que bailaba porque me gustaba bailar y no porque quisiera algo con él y terminé recibiendo mi primer y único beso a la fuerza. Yo sé que esto no es una cosa de géneros, y que hay mujeres que son tan cazadoras como los hombres (y también asumo que en ocasiones yo misma he ido de cacería) pero sólo por hablar de mi experiencia debo decir que se debe paciencia y tacto para evitar algunos agarrones, propuestas indecorosas o simplemente aguantar el aburrimiento que le produces a un hombre desconocido sino bailas para provocarlo.

Por todo eso, y dada mi última experiencia discotequera (no me quejo, lo pasé muy bien) he concluido que es innegablemente ideal bailar sola (o sola con tus amigas) o con tu pareja. Solita bailas para ti, te mueves como quieres, no estas pendiente de estarle enviando buenas o malas señales a nadie sobre nada, y con tu pareja, puedes tener la confianza y desplante de estar moviendo tu cuerpo sólo para él, con la única y exclusiva posibilidad cierta de estar provocando al hombre que te interesa, y que ese hombre comparta ese espacio de intimidad contigo.

Me acabo de acordar de una canción. Es un poco bizarro este comentario. No porque tenga algo de inusual que yo recuerde alguna canción cuando escribo, sino por la canción que recordé. Me pillo desprevenida…creo que la cantaba Luchito Dimas: “No te pongas tu celosa si con otras bailo el twist, no te pongas tu furiosa si con otras bailo el rock, lo sabes bien, sólo contigo, mi preciosa, yo bailo en la misma baldosa”.

Menos mal que recordé esa canción. Una cosa es bailar con alguien y otra muy distinta es saber con quién quieres o vas a compartir tus movimientos en una misma baldosa. Parece que fuera la diferencia entre involucrarse y no. Yo estoy aprendiendo sobre eso (pa que no me odien no quise escribir “desapego”, jajajaja, los tengo chato con mis nuevas teorías sobre el desapego, la cosa budista y la meditación). Me estoy dedicando a encerar y mantener mi baldosita. Estoy reconociendo dónde empieza y dónde termina y a quién dejo o no dejo que la comparta conmigo. De momento, hay mucho espacio en ella para bailar solita.


PD: abrí canales de comunicación...pa los pillos, ver perfil.

miércoles, agosto 23, 2006

Las cosas que me gustan de mi

Lo prometido es deuda. Yo vaticiné que iba a terminar escribiendo este texto, aunque no sabía cuándo. Ahora, no es que sea una promesa para alguien más, sino para mi misma. Díjeme "misma, cómo no vas a ser capaz de escribir algo que suena tan fácil como enumerar las cosas que te gustan de ti". Como me gusta desafiarme, en eso estoy.

Lo dificultoso es ponerse de acuerdo con uno por dónde debe empezar. Si por las cosas más de moral, las de intelecto, las de físico...¿Qué?. Pero en verdad cuando uno empieza a enredarse en detalles como "¿Por dónde parto?", tiende a no partir nunca. Un Mister L (a él le gusta el anonimato absoluto, uds. cachan) me dijo que eso se llama "procrastinación". "Procraquéeee???". "El arte de dejar las cosas para mañana", respondió.

Yo soy seca procrastinadora. Pero a diferencia de lo que suele decir el dicho "procrastinador a tus procrastinaciones", yo la combatiré comenzando ahora mismo por contar las cosas que me gustan de mi. (Y omitir dictatorialmente las que no me gustan, que a eso ya le he dedicado mucho tiempo). Advierto, nuevamente, que esto no va en orden de relevancia vital, social, moral, ética, etcs., sino en la medida que se me van ocurriendo.

1. Me gusta como escribo. Lo hago tranquila, me sale fácil, encuentro que lo hago fluido, no forzado. Que puedo evocar muchas cosas de una forma simple, que no necesito rebuscarme para hacerme entender y que además logro conectarme con lo que le pasa a mucha gente que simplemente jamás ha escrito lo que siente. Siento que, aunque no estoy pa premio nobel, varios se quisieran mi facilidad de encontrar la palabra precisa para expresar lo que realmente quiero decir.

2. Me gustan mis manos. Son, como alguien me dijo una vez, como de muñeca de porcelana. Además, las aprecio no sólo por cómo se ven, sino por lo que hacen. Escriben rápido, tienen un pulso digno y hacen muchos buenos cariños. Me gusta jugar con las manos, me gusta observarlas.

3. Me gustan mis ojos. También mis cejas y pestañas. Las cuido mucho, son uno de mis patrimonios más preciados. Me gustan porque son expresivos. No puedo engañar a nadie porque mis ojos hablan más que yo. No tienen un color muy glamoroso, no son ni tan grandes ni tan chicos, mis pestañas son largas, pero desordenadas... digamos que tal vez no tendrían mayor gracia si no fuera por lo expresivos que son. Yo puedo sonreír con ellos.

4. Me gusta no ser obvia. Siempre intento darle una segunda vuelta a todo y casi siempre lo consigo. Me gusta no utilizar lugares comunes para referirme a las cosas o expresar lo que me pasa. Me gusta saber que se me ocurrirá más de una forma para resolver algo y que descartaré la primera que se me vino a la cabeza porque probablemente es la forma en que la mayoría de la gente lo resolvería. Me gusta eso de mi, sobre todo porque en mi profesión eso es un plus. Diseñar lo primero que se te viene a la cabeza es lo primero que pensaron ochocientos mil tipos...qué fome.

5. Me gusta ser apasionada. Intensa. (no van a faltar los que después me digan "apasionada?, caliente! debiste poner"). Yo lo sigo dejando en "apasionada".

6. Me gusta mi sentido del humor. Con muchas personas me pasa que tengo la talla a flor de labios. Me gusta hacer reír, me gusta que se rían conmigo (y algunas veces me gusta que se rían de mi). Yo también me río de mi. Me tiro tallas y me doy risa (lo hago en silencio pa no parecer esquizoide, jajajajajaja!)

7. Me gusta ser confiable. Yo sé que la gente confía en mi, en mis consejos, en mi capacidad de análisis, en que no les fallaré, en que soy buena persona.

8. Me gusta tener facilidad para aprender inglés.

9. Me gusta mi facilidad para aprenderme canciones.

10. Me gusta mi capacidad absurda de retener datos freaks.

11. Me gusta mi buena memoria para recordar conversaciones muy viejas, muchas cosas de mis queridos, aunque hayan pasado muchos años.

12. Me gusta bailar, y me gusta como bailo.

13. Me gusta cantar, y me gusta como canto (aunque desafino en mala)

14. Me gusta ser una mujer diferente.

15. Me gusta cuando me pongo vanidosilla y ando cuidándome cada centímetro de mi piel. Me encanta cuando soy regalona conmigo misma.

16. Me gusta que no me guste el reggaeton o el axé.

17. Me gusta mi fuerza, cada día me sorprende más la fortaleza que tengo (me doy cuenta cuando supero mi debilidad).

18. Me gusta mi manera de reponerme a las situaciones adversas.

19. Me gusta mi manera de amar a quienes amo.

20. Me gusta que soy regalona con los que quiero.

21. Me gusta como doy los besos.

22. Me gusta que estoy leyendo mucho.

23. Me gusta ser inquieta emocional, intelectual y espiritualmente. Siempre ando buscando respuestas, incluso sólo para terminar dándome cuenta que algunas cosas no tienen respuestas.

24. Me gusta que soy sincera.

25. Me gusta que soy valiente.

26. Me gusta que tengo un enorme corazón.

27. Me gusta que tengo respeto por los animales y las personas.

28. Me gusta que soy tolerante con muchas cosas y formas de vida.

29. Me gusta que no me vendo fácil. Que me cuestiono las cosas. (Y soy rebelde, cuando no sigo a los demás! jajajajaja)

30. Me gusta que soy muy solidaria. Hago lo posible por prestarle ayuda o consejo a quien lo necesite.

31. Me gusta que manejo bien.

32. Me gusta mi nariz!!!....Ya lo asumí, jajajajaja.

33. Me gusta que mi cuello sea largo.

34. Me gusta medir lo que mido (1.71 o 1.72)

35. Me gusta que soy inteligente.

36. Me gusta que soy sensible.

37. Me gusta que puedo apreciar la buena música, por distinta que sea de lo que suelo escuchar.

38. Me gusta ser de mente abierta, aunque eso implique procesos en que te das cuenta que estabas equivocado.

39. Me gusta como cocino las 4 cosas que sé cocinar.

40. Me gusta que me gusten tantas cosas de mi que siento que nunca terminaría de enumerarlas si no le pusiera fin ya a esta lista. Por hoy ya está bien, lo dejamos hasta aquí. Tal vez ahora vaya pensando en cosas que no alcancé a poner aquí y las vaya anotando para una nueva lista.

(Ojo: no interesa si a Ud. NO le gustan de mi las cosas que a MI si me gustan de mi, no sea egocéntrico, jajajaja).

PD: Mister L., he cumplido. Gracias por aconsejarme este ejercicio.

domingo, agosto 20, 2006

Boomerang

Nos costó, pero lo logramos. El viernes en la noche, después de más de dos meses de venir con la idea rondándonos en la cabeza logramos ponernos de acuerdo con mi grupo de amigos de la U y nos juntamos a vernos las caras.Bah…cualquiera diría que no es gran cosa juntarse con ex compañeros, pero en este caso es especial porque aunque el contacto entre algunos de nosotros no se perdió, a otros los dejamos de ver por años.

Cuando entramos a la universidad algo nos unió a los cinco de una manera particular. Cada uno de nosotros venía de una realidad muy distinta, todos nos odiamos y nos adoramos en algún minuto y entre todos compartimos una etapa en la que sales de tu pequeña burbuja para conocer lo distinto que es el mundo afuera de tu colegio. Mi burbuja personal era bastante densa y esos años fueron para mí más intensos que toda mi enseñanza media. En la universidad no sólo comencé a modelarme como individuo sino que conocí cosas que antes jamás había sentido. En mi pequeño grupo encontré diversas cosas. Con algunos aprendí a ser la hermana mayor, con otros la hermana menor, con otros la cómplice. Ahí conocí el amor por primera vez y también el desengaño (y se ha convertido en uno de los recuerdos más bonitos que guardo). Mis cuatro partners me vieron cambiar, llorar, reírme, perder y ganar. He compartido más de un copete y un café con cada uno de ellos. A todos los he visto borrachos, enamorados, felices y tristes. Las interminables horas de ocio o de trabajo para la U nos hizo compartir mil caras de poto, ojeras, gruñidos y una suerte de promiscuidad sana en que en algún minuto a todos nos tocó dormir con todos en las aperradas temporadas de exámenes en que estábamos todo el día y la noche juntos cortando palitos, imprimiendo o desesperándonos porque se nos acababa la tinta o el masking tape.

Ahora, estábamos los cinco juntos de nuevo. Cuatro mujeres y un hombre frente a frente. Un poco extraños al comienzo, pero bastaron 10 minutos para que todo comenzara a ser como fue. Hacía cerca de 3 años que yo no hablaba con mi amigo (con quien comparto una especial historia de conexión) y fue como si no nos hubiéramos dejado de ver. Lo mismo con mis amigas, sólo que a ellas las he visto con menos distancia.

Nos matamos de risa, nos contamos nuestras vidas, nuestros trabajos, nuestros estados civiles, los chascarros. Jugamos como antes, como cabros chicos, a “la verdad”. Nos hicimos preguntas tontas, amenazamos con penitencias, saltaron las tallas de doble sentido, las confesiones sexuales jocosas. En fin.

Hubo un minuto en que conversando con mi amigo me dice “bah, pero tu sigues igual-igual a cuando te dejé de ver”. Me sorprendió mucho que me dijera eso porque él y yo dejamos de frecuentarnos desde hace más de 5 años, y son justamente los años de mayor cambio en mi vida. Yo le dije “Nooooo!...yo he cambiado mucho, pero tu te ves idéntico, qué envidia, no te pasan los años por encima”. Luego todos coincidimos (un poco como auto-convencimiento y otro poco en serio) que todos parecíamos no vernos diferentes.

A diferencia de aquellos años, todos se fueron relativamente temprano de vuelta a sus casas. Ya saben…ahora todos trabajamos, los viernes uno dura menos, hay personas y compromisos que ameritan que el carrete no sea hasta las 6 o 7 a.m. como en los años de universidad. Yo me quedé a dormir en el departamento de la anfitriona. Cuando despertamos y comenzamos a ordenar todo el caos que habíamos generado la noche anterior comentábamos lo increíble que había resultado juntarnos nuevamente. Mientras lavaba los platos yo pensaba en lo que me había dicho mi amigo, eso de que no he cambiado nada…y creo que formulé una especie de teoría para explicar eso.

Todos hemos cambiado muchísimo. Me atrevería a decir que los que más hemos cambiado somos mi amigo y yo. ¿Por qué nos vemos iguales?. Recordé que todos nos veíamos iguales. Todos comenzamos a hablar como antes, usar las palabras y tonos de voz con que nos hablábamos antes. Los chistes internos siguen siendo los mismos. Una arruga más o un rollo menos no se notan cuando tu cuerpo se sintoniza con ese lenguaje que alguna vez aprendiste y vuelves a hablarlo. Es como andar en bicicleta, simplemente ya tus células saben como hacerlo.

De vuelta a mi casa me vine pensando en que probablemente cualquier persona que me conozca hace menos de 4 años me habría notado distinta esa noche. Quizás habría concluido que soy cambiante, que tengo una forma de ser diferente según con quien esté. Probablemente eso les pase a mis cuatro partners si otras personas los hubiesen visto. Pensé también en que la gente suele ver como algo negativo eso de ser diferente según la ocasión y no pude explicarme por qué eso podría ser malo. Al contrario, lo siento sumamente normal si lo que cambia no es tu moral, tu criterio, tu sentido de justicia, de empatía… Obviamente que si en cada contexto diverso uno transa esas cosas que te identifican como individuo, eres alguien muy charcha. Pero si lo que haces es adaptarte espontáneamente al lenguaje que utilizas particularmente con ciertos sujetos que aprecias, entonces tal vez eres alguien que valora su pasado, que está conforme con haber sido lo que fue y recuperarlo. Eso fue lo que nos pasó esa noche. Hicimos un revival de nuestros años, códigos, cariños, amores, trasnoches y peleas juntos.

Para avanzar y ser feliz uno no debería estar pensando en el pasado constantemente, sino en el presente. Ni siquiera pensar en el futuro intensamente es tan buen aliado para tu desarrollo. Lo que yo he hecho últimamente no vivir mirando hacia atrás (para los que puedan creer que mi serie de reencuentros con personas de mi pasado pueda implicar que vivo en la nostalgia), sino que he ido en búsqueda de ciertos sujetos para que vivan en mi presente. Es como un viaje en el tiempo, pero siempre volviendo al hogar.

Hoy mi hogar es el hoy. Aunque como dicen por ahí "Hay un boomerang en la city, mi amor, todo vuelve, como vos decís. Cada vez que pienso en vos, fue amor...fue amor"

(No podían faltarme canciones para dedicarles a mis cuatro "amores" de universidad. Es un brindis por la forma en que nos veíamos esa noche.)

The way you look tonight
Someday when I'm awfully low
When the world is cold
I will feel a glow just thinking of you
And the way you look tonight.

Oh, but you're lovely
With your smile so warm
And your cheek so soft
There is nothing for me but to love you
just the way you look tonight

With each word your tenderness grows
Tearing my fear apart
And that laugh that wrinkles your nose
touches my foolish heart

Lovely, never ever change
Keep that breathless charm
Won't you please arrange it?
'Cause I love you
Just the way you look tonight...

martes, agosto 15, 2006

Inside

He tenido la fortuna de reencontrarme con excelentes conversaciones, que aunque aún no me llevan a dar giros inesperados ni drásticos a mi vida o a algunos aspectos de ella, me han entregado valioso material para pensar. He estado muy de acuerdo con todo lo que me han dicho y he leído, ando en la onda de la introspección y he encontrado teorías fascinantes…y algunas otras cosas que simplemente me superaron (es decir, nunca logré entenderle al Dalai Lama sus asuntos del ser sutil, conciencia sutil, todo demasiado sutil!).

En fin, el asunto es que mi duda sigue siendo si voy a lograr llevar a la práctica las cosas que estoy aprendiendo y encaminarme bien en el asunto más complejo que aborda la mayoría de las cosas que he encontrado: el equilibrio entre pasión y razón. En fin, son muchos temas. Lo que más me ha dado vuelta ha sido una palabrilla que sólo en esta semana me ha aparecido frente a mis narices más que en toda mi vida: apego. No me estoy volviendo budista ni nada por el estilo, pero me hace muchísimo sentido esto de las Cuatro Nobles Verdades de Buda. Eso de que el sólo hecho de ser implica el sufrimiento y que la fuente de todo sufrimiento es el apego. La esperanza que plantea una de esas nobles verdades es que como podemos distinguir la fuente de nuestros sufrimientos también podemos controlarla. El camino a la perfección, a través de la meditación, la oración o whatever sea lo que uno se dedique a hacer en pro de su propio “despertar” implica el desapego, o simplemente tener bajo el control de la razón que nuestro objeto de apego no conlleve el miedo a la pérdida.

Estoy divagando, no es raro en mi. Comencé a hacerlo nuevamente desde que me recomendaron una serie de libros y discusiones, jejeje. Hace un par de días un amigo me volvió a decir que en su propio período de introspección lo primero que hizo fue escribir las cosas que le gustan de él. Yo todavía lo estoy pensando, tal vez mi próxima publicación se trate sobre eso. La verdad de las cosas es que he tenido muchas ganas de publicar últimamente y no he llegado a hacerlo porque mi cabeza va a mil con toda la información que estoy asimilando y porque en mi pega (ahora estable) estoy a full. Pero ahora, hace poco rato me encontré con un programilla de televisión que me gusta mucho, se llama Inside The Actors Studio. Bueno, no soy tan fanática, sólo lo veo cuando entrevistan a algún actor o actriz que en verdad merece mi atención y…debo ser más honesta aún, a pesar de que el programa ahora es bastante menos largo de lo que solía ser, me salto muchas partes, pero lo que jamás trato de perderme es el final de la entrevista, después de eso definitivamente cambio de canal, no me agrada mucho la parte en que los estudiantes de actuación le besan el culo con sus preguntas a los entrevistados. Antes de eso a todos se les aplica un pequeño test de Bernard Pivot. Para mi es la parte esencial. Las respuestas, más o menos creativas, te dan una visión temporal de la personalidad del sujeto. Me encanta. Hoy, busqué la pequeña encuesta por internet, la leí y estuve pensando un poco en las respuestas que yo daría, pero encontré que mejor dejaba ese ejercicio porque creo que parte de la gracia es que las respuestas acudan espontáneamente a tu cabeza. Algo así como la libre asociación de ideas. Si las respuestas son fomes…mala cueva, a lo mejor eso significa que hoy estas fome. Si una respuesta en alguna es compleja, tal vez significa que ese tema en particula ha sido de complejidad en tu vida (no necesariamente asumiendo que el concepto de complejo implica algo negativo).

No me quiero dar más vueltas, el objetivo final aquí es hacerme la pequeña encuesta de Pivot. Tal vez así, ya pronto se me haga más fácil empezar a hablar de las cosas que me gustan de mi (quizás empiezo a conocerme más de lo que otros me conocen, jejeje)

Cuestionario de Pivot
1. ¿Cuál es tu palabra favorita?
Mandarina y Tangerine (hay otras con más sentido, pero suena preciosa)
2. ¿Cuál es la palabra que menos te gusta?
Tula (no puede haber otra más fea, por lo menos pa nombrar al pene)
3. ¿Qué te excita creativa, espiritual o emocionalmente?
Sentirme amada.
4. ¿Qué te desencanta?
El egoísmo.
5. ¿Cuál es tu grosería favorita?
Cuando se me cae algo o me pego “Mierda!”, cuando estoy con un interlocutor “Puta la weá”
6. ¿Qué sonido o ruido amas?
El sonido de la lluvia (si hay truenos y vientos, mejor) al irse a acostar, y el sonido del mar y rocas al despertar.
7. ¿Qué sonido o ruido detestas?
Las micros, los taladros, mucha gente hablando de trabajo (de ellos) alrededor mío.
8. ¿Qué profesión, que no sea la que tienes, te gustaría intentar?
Creo que la antropología o arqueología.
9. ¿Qué profesión no te gustaría tener?
Limpiadora de baños.
10. Si el Cielo existe, ¿Qué es lo que te gustaría que Dios te dijera cuando llegues a las puertas del Paraíso?
Me encantaría oir “Hay mucha gente aquí que te quiere dar un abrazo, y muchos que andan moviendo la cola”


PD: Amigo, gracias por conocerme tanto. Estoy en el desafío de ganarte y conocerme más de lo que tu me conoces! :)