Hoy, al despertar, recordé un episodio de hace muchos años. Saco la cuenta…deben ser al menos 4 años atrás. Me fui de vacaciones con una amiga, yo había cumplido un año pololeando (o estaba por cumplirlo???), pero ella estaba soltera y con ganas de encontrar su amor (o al menos su “amor de verano”). Hacía algunos días que venía “amenazándome” con que debíamos ir a bailar a la disco local. Yo no sabía cómo decirle que en cierta medida, aunque las ganas de mover el cuerpo al ritmo de las canciones nunca faltan, la sola idea de meterme a una disco me sonaba un poco delicada. Me costó mucho descubrir por qué no me sentía del todo cómoda con eso, pero en algún momento de insistencia de mi amiga (que ahora no recuerdo si fue antes, durante o después de ir a la disco) terminé expresándolo. Simplemente le dije algo como “Mira, el asunto es que yo no estoy buscando pinchar con alguien, por lo tanto no me llama la atención bailar con nadie. Pero si tengo que bailar con alguien porque tu bailas con alguien, pueden suceder dos cosas: en el peor de los casos me aburro como ostra con el tipo, en el mejor de los casos empiezo a encontrarlo atractivo. Y el mejor de los casos es sumamente riesgoso para mi relación, y no quiero poner mi relación en riesgo”. Ella no lo comprendió en ese minuto. Me expuso su punto de vista, me dijo que “na que ver, ¿cómo que riesgoso?, pero si no tiene nada de malo bailar con alguien”. Y es cierto…no tiene nada de pecaminoso, traidor o criminal. Pero cuando eres ultra sincero te das cuenta de una gran verdad: el ritual de salir a bailar es principalmente una acción de búsqueda de conquista (parcial o total, temporal o permanente).
Hace más años aún, un chiquillo que estaba interesado en mi me invitó a comer y luego me iba a pasar a dejar donde unas amigas, y con ellas me iba a ir a bailar. Recuerdo que lo noté algo raro esa noche y días después me confesó que es porque sabía que ir a bailar significaba que compartiría un terreno cercano a lo íntimo con otros hombres. En el caso de él era más grave aún, porque no bailaba ni coco, así que se sentía seriamente intimidado por los hombres que tienen la habilidad y confianza de mover su cuerpo (o al menos tratar) al ritmo de la música. Al parecer los hombres están al tanto de lo altamente atractivo es para nosotras que ellos sepan o quieran bailar.
Hace un mes o un poco más, me junté con una amiga a conversar y tomar algo. El tema principal era lo enfermizo de los celos de su pololo. El chico llamó como 4 veces mientras estábamos conversando sólo para hacerle notar su aprensión. Juraba de guata que las dos nos íbamos a ir a bailar. Estaba obsesionado con esa idea. A mi me enervó su drama, pero después de pensarlo un poco le encontré algo de razón a su preocupación porque volví a recordar cuál es el trasfondo del ritual del baile.
Uno quisiera vestir, disfrazar, adornar ese ritual con cosas diferentes. Cosas que no son necesariamente mentira, como por ejemplo “¡Voy a bailar porque me gusta bailar!”. Pero simplemente uno no puede obviar las situaciones que vienen de yapa con eso. Estas en una disco, con algunas amigas, te arreglaste digna para no desentonar, tomas un trago (o dos, o tres) en la barra. No hay de qué hablar, porque el volumen de la música no te lo permite, sólo logras hacer comentarios cortos entre un punchi-punchi y otro. Comienzas a notar que tal personaje mira más de lo normal, ¿señales de interés?. Vas a la pista de baile, te mueves, te entretienes…hasta que tarde o temprano llega un tipo, generalmente acompañado del número exacto de amigos que necesita para acompañar a tus amigas, y te dice “¿bailemos?. Luego empiezan las miradas con tu grupo, necesitas saber si ellas quieren, si tu quieres, etc. Luego lanzas la respuesta, o es un “No, estamos bailando entre nosotras” o cualquier otra excusa, o un “Si” y empiezas a bailar. Una vez iniciada la parte movida del ritual vienen más señas. Si al tipo le interesas no va a pasar mucho rato hasta que se te acerque al oído, gritando y preguntándote “¿Cómo te llamai?. Después de algunos intentos por descifrar los nombres en medio de tanto ruido, vendrán otras preguntas como “¿Y qué hacís?”, “¿Qué edad tenís?”. Algunas veces, dependiendo de cuán galancete sea, las preguntas vendrán acompañadas de algún agarrón de cintura o de una extrema cercanía de su cara. Si cree que baila bien, hará despliegue de sus mejores movimientos y los alternará con algo provocativo como abrazarte, tomarte la mano, darte vueltas, acercarse, mirarte fijamente, etc.Y dependiendo del interés personal, una hará lo propio. Cosas como mirar un poquito y luego desviar la mirada, sonreír coquetamente, dejar que te encienda el cigarrillo, hacer contra-preguntas, etc. Luego, el nivel de intimidad que se alcance ya depende de los límites e intereses de cada quien. El problema grave es cuando no quieres hacer eso. Cuando por dentro estas esperando que para el tipo que está bailando al frente tuyo no sea importante ni interesante nada sobre ti. ¡Ojalá me encuentre fea y esté aquí sólo por hacerle el favor a su amigo!.
¿Por qué uno se urge cuando sientes que hay una leve posibilidad de tener que rechazar a alguien?. ¿Por qué uno puede llegar a sentirse incómoda de que alguien confunda mera amabilidad y buena onda con flirteo bailable?. Aunque yo crea que cada una puede responder distinto a esas preguntas, yo sé cuál es mi respuesta. Hay momentos en tu vida (o la vida de tu corazón, más precisamente) en que el sólo hecho de estar compartiendo ese espacio con un nn del sexo opuesto, y que ese nn se pase el rollo de que estás tratando de provocarlo, no tiene ninguna coherencia con tus deseos reales (y con deseos reales me refiero a aquellos que no se desvanecen al despertar, que están presentes día y noche contigo). Aunque asumo que hay noches en que parece perfectamente coherente el flirteo casual.
Todas estas cosas las recordé cuando me fui a una disco con una amiga. Entendí perfectamente bien que aunque lo que uno haga no tenga nada de incorrecto, el contexto no te ayuda a sentir que en verdad no te estas exponiendo como un filete para que alguien quiera comerlo. A menos que vayas a bailar con tu pololo, la pista de baile se convierte en zona de caza para cualquier soltero o soltera, porque el baile es así. Las ofertas llueven (y a más edad, se ponen más indecorosas en menor tiempo) y cuando tu no buscas que te ofrezcan nada sientes que se te acusa de hipocresía: ¿Qué haces sola en una disco si no quieres bailar y coquetear con un macho dispuesto a danzar para ti?”. Una respuesta como “Estoy aquí simplemente para bailar” no es satisfactoria para muchos. Incluso recuerdo que alguna vez algún macho me planteó ese cuestionamiento en una disco, no creyó en mi respuesta sincera de que bailaba porque me gustaba bailar y no porque quisiera algo con él y terminé recibiendo mi primer y único beso a la fuerza. Yo sé que esto no es una cosa de géneros, y que hay mujeres que son tan cazadoras como los hombres (y también asumo que en ocasiones yo misma he ido de cacería) pero sólo por hablar de mi experiencia debo decir que se debe paciencia y tacto para evitar algunos agarrones, propuestas indecorosas o simplemente aguantar el aburrimiento que le produces a un hombre desconocido sino bailas para provocarlo.
Por todo eso, y dada mi última experiencia discotequera (no me quejo, lo pasé muy bien) he concluido que es innegablemente ideal bailar sola (o sola con tus amigas) o con tu pareja. Solita bailas para ti, te mueves como quieres, no estas pendiente de estarle enviando buenas o malas señales a nadie sobre nada, y con tu pareja, puedes tener la confianza y desplante de estar moviendo tu cuerpo sólo para él, con la única y exclusiva posibilidad cierta de estar provocando al hombre que te interesa, y que ese hombre comparta ese espacio de intimidad contigo.
Me acabo de acordar de una canción. Es un poco bizarro este comentario. No porque tenga algo de inusual que yo recuerde alguna canción cuando escribo, sino por la canción que recordé. Me pillo desprevenida…creo que la cantaba Luchito Dimas: “No te pongas tu celosa si con otras bailo el twist, no te pongas tu furiosa si con otras bailo el rock, lo sabes bien, sólo contigo, mi preciosa, yo bailo en la misma baldosa”.
Menos mal que recordé esa canción. Una cosa es bailar con alguien y otra muy distinta es saber con quién quieres o vas a compartir tus movimientos en una misma baldosa. Parece que fuera la diferencia entre involucrarse y no. Yo estoy aprendiendo sobre eso (pa que no me odien no quise escribir “desapego”, jajajaja, los tengo chato con mis nuevas teorías sobre el desapego, la cosa budista y la meditación). Me estoy dedicando a encerar y mantener mi baldosita. Estoy reconociendo dónde empieza y dónde termina y a quién dejo o no dejo que la comparta conmigo. De momento, hay mucho espacio en ella para bailar solita.
PD: abrí canales de comunicación...pa los pillos, ver perfil.
domingo, agosto 27, 2006
Suscribirse a:
Comentarios de la entrada (Atom)
No hay comentarios.:
Publicar un comentario