lunes, septiembre 04, 2006

Renuncio


De todas las personas que conozco, creo que yo soy la que más ha cambiado. Hablo de cambios a nivel del ser, más que físicamente, más que un cambio de contexto o estilo de vida (que también he tenido). Yo he cambiado, me atrevo a decir que he evolucionado, en relación a las cosas no biológicas que suceden adentro de mi cuerpo.

Desde hace un mes o algo así que emprendí un nuevo camino. Quise experimentar la renovación de mi ser, el desapego, el tomar las cosas como oportunidades más que crisis, cambiar la estructura de mi lenguaje, porque el lenguaje es lo que nos estructura (y limita, muchas veces). Estoy aprendiendo cosas nuevas y estoy tranquila. Estoy decidida a convertir los antiguos malestares en bienestar, los supuestos sufrimientos en alegrías. Estoy convencida de poder darme mucha felicidad a mi misma, dejar de esperar a que me la vengan a entregar para empezar a gozarla. Trato de ver a las personas como son en lugar de cómo yo quisiera que fueran y las clasifico en su justa medida. Intento no juzgarlos, que sus virtudes o defectos no tengan un efecto directo en mi integridad. He empezado a disfrutar mucho de los pequeños momentos que paso con las personas, sin la expectativa de volver a verlos o de retribución de algo. Acepto lo que me dan, acepto lo que no me dan y doy hasta donde mi, ahora florecido, mundo interior no se vea afectado. Eso me hace sentir muy bien y ha depurado mis relaciones a veces a niveles donde sólo encuentro goce en mis encuentros con otros seres. La decepción es una mochila pesada que depende más de uno que de los demás. Yo no quiero sufrir decepciones, simplemente quiero creer que cuando descubro algo que no me hace sentido o bien en los demás…me estoy dando cuenta de una verdad y hay que asumirla con tranquilidad y sin aprensiones.

Otras situaciones en mi vida me habían hecho emprender este camino y he puesto a prueba mi voluntad y firmeza de mantenerlo, tanto así, que hoy he traspasado una gran barrera: hoy dejo ir las cosas y las personas, hoy renuncio.

Pocas veces en la vida me permití con más claridad y tranquilidad renunciar. Dejo de establecer límites tan ambiguos como el de “tal vez no he hecho todo lo que he podido al respecto”. Dejé atrás la abstracción de las lealtades. Soy leal sólo a mi misma y mis criterios. Me di cuenta que creer que le debes fidelidad (o lealtad, que en el diccionario son lo mismo) a algo o alguien es una construcción muy pesada que uno mismo hace acerca de una fantasía, no en base a la realidad, porque es muy difícil para un simple mortal ver la realidad. Si te enfocas en la lealtad hacia ti mismo, no te puedes equivocar, en cambio si idolatras el compromiso que sientes hacia otra persona o institución simplemente te engañas a ti mismo. Basta de soñar con la fidelidad y la lealtad, ya la tengo en mi misma, para mi.

Aunque todo esto pueda sonar algo frío y calculador, en mi es un triunfo quererme más a mi, protegerme más a mi, hacerme feliz a mi, darme placer a mi por sobre el resto. Las cosas buenas para los que me rodean vendrán por añadidura si soy una mujer equilibrada.

Hoy renuncié a mi pega. Pensé en mi, ahora casi siempre estoy pensando en mi. Pero no como antes, no como cuando pensaba en mi en pos de algo o alguien a quien adornaba con hermosas fantasías. Las cosas son como son, no se puede llorar sobre la leche derramada. No me he vuelto fría ni descariñada, al contrario, la calidez y el cariño lo he volcado en mí y en las cosas y personas que realmente valoro y sé que me valoran. Las cosas fugaces, los fuegos artificiales que se apagan…los miro desde la distancia, aprecio su belleza, pero apenas terminan me doy la vuelta tranquilamente y sigo mi camino. Ahora ya no doy vueltas en círculo, mi paso está más firme y enfocado en el presente. Es la única forma de avanzar.

Cerré un ciclo. Dejo atrás una situación en la que ya no me siento cómoda. Estoy tranquila y feliz de haber tomado mi decisión. No tengo miedo a lo que vaya a ocurrir porque, salvo un par de grandes esperanzas, no pienso en el futuro. No me he vuelto egoísta, sólo dosifico, en la medida que lo amerita, lo que doy para ciertas causas. Con templanza asumo que hay causas perdidas y las destierro de mi ser. He instalado una sutil pero fuerte cortina entre mi intimidad, mi espíritu, mi humanidad y lo terrenal, lo corpóreo (como dirían por ahí “El mundo de los deseos”). Hoy separo materia de emoción, sin renunciar a ninguna, sólo separándolas cuando es debido.

En el lugar que dejo ya no hay espacio para mi materia ni para mi lealtad. No soy leales con quienes no muestran compasión ni fidelidad hacia mi. Tampoco mi plan es hacerles daño, simplemente transar con la misma moneda. No significa que si me encuentro con un suceso oscuro yo lo enfrente con igual oscuridad, no me interesa estar cerca de lo negativo. Mi manera de pagar la negatividad es con la indiferencia, o mejor dicho, el desapego.

Hoy, cuando de mi boca salió con claridad un “Quiero renunciar”, me di cuenta del bienestar que me produje. He tenido otros momentos últimamente en que no he pronunciado la frase, pero igualmente he renunciado y también me han dado paz. Hoy soy una mujer feliz. Eso es hoy. Un día a la vez. Mañana tendré otros presentes. :)

2 comentarios:

Anónimo dijo...

Me gustó mucho tu nota y me llegó al hueso… es extraño y nose porque motivo siento que hoy estoy más lejos de tener ese “equilibrio”, quizás por que lo ansío de sobre manera o porque siento que en cierto minuto de mi vida lo tuve y ahora lo perdí… espero poder volver a encontrarlo y entrarme. Besos y nuevamente muy buen texto. Tito.

amge dijo...

Aparte de un gran amigo, parece que ahora eres mi mayor admirador!!. Gracias por la paciencia de leerme y dejarme los comentarios (sabes que me fascina leerlos!!) Beso gigante. You'll allways be my best friend ever.