Hay minutos, dentro de toda la vorágine de problemas, micros, cuentas que pagar, pega pendiente, rollos amorosos o familiares, en que uno simplemente se sienta frente a la televisión para hacerse preguntas que, por absurdo que parezca, realmente te intesaría aclarar (aunque sea por esos pocos segundos). Es como si llegaras a tu casa después de haber sobrevivido un trabajoso día (o antes de tener que empezarlo) y hay como un duendecillo burlón dentro de esa cajita que te está mirando y sacando la lengua. La pregunta más básica, la del millón de dólares, es : ¿Qué mierda creen que somos?. Los productores, avisadores, pseudo creativos (copiadores con éxito) y toda la manga de gente que trabaja “para llevar a Ud. la transmisión diaria de nuestro programa”, o son realmente maquiavélicos o tontos…nunca se sabe. La televisión local suele ser una basura (apuesto que los colombianos, ecuatorianos, mexicanos podrían decir lo mismo de su propia localidad). Lo más ridículo de todo es que jamás he escuchado a nadie decir que encuentre que la programación televisiva chilena sea buena. Ok, de acuerdo, todos tenemos programas regalones o placeres culpables que no dejamos de ver o salvan, pero en promedio esos llenan pocas horas de la parrilla programática, o simplemente desaparecen por falta de raiting como aquel hito televisivo que fue Plan Z.
Yo de verdad no lo entiendo. Cómo puede ser que las cosas buenas desaparezcan porque nadie las ve y hoy resulta que no hay nadie que no pertenezca a ese gremio de intelectuales con alma de pendejos que no haya visto programas que pasaron a la gloria, pero que son los mismos que no les daban ni un peso a los empresarios (o que los empresarios no daban un peso por ellos). Es un tanto deprimente saber que son las grandes marcas las que nos compran espacios televisivos, más triste es entender que esas grandes marcas no nos dan crédito. Al parecer creen que somos un tanto primitivos, que necesitamos potos, pechugas, colalesses, chistes malos y rascas, mucho escándalo de vidas ajenas y harto, pero harto baile.
Ahora, yo no me las doy de la levitadora oficial que jamás a caído en las garras de la TV chilena. Asumo que me envicié en los comienzos de la “Era reality”. Pero ahora me aburre de frentón la oferta programática.
Será cierto eso que dicen que el pobre chileno necesita escapar de sus problemas, llegar a su casa después de un arduo día de trabajo (o de sacar la vuelta y alimentar el círculo vicioso del angustiado que siempre tiene mucha pega porque nunca la hace!), y no tener que hablar de sus rollos, sus atados con el jefe, ni pensar en mirar la planilla Excel donde tiene anotado en rojo el saldo de su cuenta corriente (los japoneses tienen maniobras más interesantes para superar ese mismo problema: las geishas). Será que en verdad es una especie de droga entrar al mundo de los famosos.
Hay que recordar que en el universo de los realities primero estuvieron los absolutamente desconocidos participantes. Ya…todos nos entreteníamos mirando las payasadas y neurosis de la “gente como uno”, parece que así, mirándolo como desde lejos no nos sentíamos tan freaks, y al menos siempre quedaba el alivio de pensar que uno está loco, pero nunca tanto como para mostrarlo en televisión pública. Pero eso también nos aburrió. Inmediatamente hubo que jugar con los famosos. Algo con más comidillo y mejor ganancia económica. Fue el boom de todos los medios, todos hablando de eso. Vimos a los famosos, ya no sólo haciendo lo que hacen (que es lo que los hace famosos) sino también gordos, flacos, feos, bonitos, comiendo, muriéndose de hambre, mostrando la hilacha, peleando, pelando, etc. En definitiva, las grandes marcas decidieron que era buenísimo (para ellos) poner a una tropa de gente que mostrara al resto NO lo que hacen bien, sino todo lo que pueden hacer mal. Uno se proyecta con el otro en el error más que en el acierto. Ahora, lamentablemente eso no nos hace más empáticos porque nos encanta tener tejado de vidrio y así y todo moler a piedrazos el del otro.
Pero filo, más que llorar sobre la leche derramada por años en las pantallas locales, voy a quejarme por la leche que está derramando en los dos canales de televisión más grandes de chilito. Insólito. Me pregunto yo cuánta plata estarán gastando y estarán ganando una serie de personajes para salir al aire con dos programas que se tratan de lo mismo. Ya no basta con ver a desconocidos bailando. Ahora hay que ver a famosillos bailando. Famosillos que le pegan más o menos al asunto, gente que está ahí claramente para ganar (digamos que es una inversión mediática mientras no tienen un late show propio) y otros que están claramente para hacer el ridículo (con menos dignidad, es también una inversión, de alguna forma hay que estar en pantalla aunque sea dando pena). Honestamente…¿quién puede poner a competir a la Paty Maldonado en el mismo escenario con la Marlen Olivari?. Bueno…y había gente que apostó que esa era una genial idea y lanzó un programa igual, pero con otro nombre, donde la comadre de la Maldonado compite con el Director Técnico más odiado en la última década.
No me extrañaría que siguieran reciclando la fórmula. Es como si un canal hiciera una producción propia de Betty la Fea, pero que se llamara “Jenny la horrible” y a la semana el otro canal lanzara (con una patudez increíble) “Elizabeth la mala”. Lo mismo, no nos engañemos, porque incluso ahora que escribo esto y que estoy viendo uno de los programillas de famosos bailando…¡Oh!, pero…¿qué veo?, ¡un poto!...mira, y unos segundos después ¡un chiste rasca y fome!. Reduzcan la fórmula de nuevo: poto (o en su defecto pechuga) + humor rasca (doble sentido o picarón) + baile (y música, por supuesto)…y tendrán el programa perfecto. Ese que todos dicen que tiene alto raiting y donde todas las marcas quieren avisar. Ese programa imbatible al que un minúsculo Plan Z, Gato por liebre o Plaza Italia jamás podrían asustar.
¿Tendrá la televisión un ciclo?, ¿así como la vida y la historia?. Eso espero, y ojalá que el ciclo esté finalizando, que explote y que vuelva a comenzar de cero. Más vale un programa en blanco y negro que mil pechugas volando.
miércoles, octubre 18, 2006
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