Inevitablemente hay períodos en la vida en que ni uno mismo se soporta. Bueno, yo generalizo porque como me encuentro una persona común y corriente asumo que me pasan las cosas que a todos les pasan. ¿Les pasa a ustedes?, ¿no soportarse?.
Cuando la gente habla de eso de “más vale estar solo que mal acompañado”, yo añado un pensamiento y me pregunto si será acaso que a veces no es cierto porque estar solo implica estar con uno mismo al chancho, y a veces “uno mismo” es un desagrado e incluso una pésima influencia…para uno mismo. O será también que es mejor estar sólo porque lo que es mala compañía no es el otro para uno, sino uno para el otro.
Chanfle. Cuesta admitirlo, pero ni yo me soporto cuando ando como ando. No sé si me irrita más el trance por el que estoy pasando o mi propia actitud y humorcillo cuando lo paso. Es que esto simplemente va más allá que el “no me quiero”, no es un asunto de autoestima (en esa área también tengo problemas, pero no tiene mucho que ver en esta ocasión), sino simplemente de caerte mal a ti mismo.
Soy una persona altamente irritable la mayor parte del tiempo, lo reconozco, pero hay situaciones particulares que potencian todas mis habilidades de ponerle una carga eléctrica (de las malas) a todas mis relaciones (familiares, laborales, amorosas, amistosas). Ningún misterio…estas “situaciones particulares” no son otra cosa que las temporadas de estrés agobiante. Últimamente no tengo tiempo pa pensar en nada ni en nadie más que en mi. ¿Tienes algún drama y eres mi amigo (a)? Olvídalo, no te pondré atención más que en el momento en que me lo cuentas, si es que me logras pillar pa contármelo. ¿Te estás preguntando si me habré mudado a Maracaibo que no he dado señales de que esté viva y que me importes?. Lamento informarte que tendrás que esperar a que mi época de egocentrismo termine para que yo intente hacer algo por disuadirte de la idea de que ya no existo. ¿Supones lo que me pasa, pero tu opinión es que exagero cuán cansada u ocupada estoy y estas considerando seriamente plantearme un ultimátum con frases tan célebres como “el que quiere puede”o “el teléfono tiene dos puntas”? Te recomiendo que ni lo intentes como hasta fines de marzo, si quieres evitar que arda Troya. Y no porque yo encuentre que meas fuera del tiesto, sino que cuando me convierto en este ser humano abominable no puedes esperar de mi cosas como empatía, consideración o disculpas. Puede que te caiga mal lo que te digo, y lo único que puedo hacer al respecto es decirte que comparto al menos eso. Que yo también me caigo mal.
Me apesta que todo me apeste. Que la piel se me erice con tantas cosas, que todo me de rabia. Que sienta deseos de saciar mi frustración con violencia. Que me den ganas de darle justificación a mis ojeras y migraña con esas miradas fatales que me echo. A veces me apesta ser tan expresiva de unas formas y no otras…claro, si alguien me gusta o lo quiero, podría pasar un siglo antes de darle un abrazo. Pero si alguien me dice algo inadecuado, me presiona más de la cuenta o expone su capacidad neuronal a niveles penosos delante mío…soy capaz de matarlo y comérmelo vivo sólo con la forma en que levanto mi ceja. Cuando ya la confianza me permite sacar a lucir mi capacidad verbal, lo más sanito que puedo llegar a decirte es “no me rompas las pelotas”. Si estoy en un buen día y te digo “estoy ocupada, ahora no puedo”, créeme que debes conformarte con eso e inmediatamente huir de mi presencia, porque la cosa se puede poner color de hormiga.
Me enojan cosas inevitables. Como la mujer con tremendo olor a ala que se sentó al lado mio en la micro ayer, con 3 cabros chicos gritando, con la guagua colgando y arrinconándome a la ventana (la muy patuda criatura de alrededor 6 meses quería a toda costa tocar alguna de mis pertenencias), gritándole a la “Dayadari” (nombre de su primogénita) que se corriera pa acá, o pa allá, o se dejara de lesear…en MI oreja.
Me enoja inconteniblemente que los pocos espacios, en extraños horarios, que me doy para dormir sean interrumpidos por el teléfono (inexplicablemente ahora me llaman personajes como Javier Miranda, Gonzalo Cáceres y la Paty Maldonado con la Argandoña, que ni siquiera puedes darte el gusto de aleccionarlos y mandarlos a la mierda)
Me enoja que no me cumplan. Ya me parece desmedidamente irritable cuando tengo tiempo, soy capaz de matarte si lo haces cuando no tengo. Ni se te ocurra decirme que me vas a llamar, escribir, ver, si no estas un 100% seguro de que así será, porque en estos momentos mi tiempo es oro, y no se juega con eso.
Como todo tiene sus excepciones (esas que confirman las reglas), si eres uno de esos pocos seres luminosos que en lugar de irritarme con su presencia, preguntas, inquietudes, consejos y demases…simplemente llenas de mariposas algunos segundos de mi agotadora existencia de estos meses…te lo agradezco. A veces uno se cae tan mal a si mismo que es un agrado confirmar que hay personas a las que les caes tan bien que no tienen inconveniente en reirse con tus malas tallas de “recién operado”, de encontrarte regia aunque estés durmiendo 4 hrs. por noche, de insistirte en que cuando pase la vorágine estarán allí para acompañarte a hacer cosas realmente entretenidas y que recordarás con más jovialidad que estos días.
Mi primera acción, al recuperar algo de vida y obtener mi ansiada libertad, será regalonearlos a todos. Melosear hasta el hastío. Acurrucarme en los grandes corazones que tienen los que aún me querrán cuando vuelva a ser un ser humano precioso. Cuando me quite al fin esta piel vieja, cuando me convierta de oruga en mariposa, les juro que me verán llenarlos de cuidados, gracias, caricias, regalitos, sonrisas y consejos. Mientras tanto, a los que son no son tan cuero de chancho les pido que me toleren, y a los que se la pueden…les pido que me regaloneen.
Ya pasará.
PD: Dejen de comentar a lo "anónimo"...es fome
jueves, febrero 23, 2006
martes, febrero 07, 2006
Let's get physical
Soy la primera en admitir que hasta hace 7 días atrás cualquiera que me hablara de un gimnasio como hobby me parecía un sujeto con altas posibilidades de ser un cabeza de músculo o un siervo de la cultura por el físico. Ahora no. Las cosas han cambiado desde que el sábado pasado mi hermana quiso, insistentemente, que la acompañara a verificar qué tal era tal gimnasio en tal parte…”necesito hacer ejercicio, reafirmar mi autoestima, botar estrés…”
Bueno, la acompañé y me quedó picando el bichito. Debo declarar que mi vida era claramente sedentaria hasta el minuto. Ya no estaba pudiendo evitar dormir hasta las 12 a.m., no tomar desayuno, almorzar, dormirme tarde, caminar lo justo y necesario, desde mi casa al metro y viceversa. Pero ese sábado fue el gran cambio para mi. Como la inquietud era de mi hermana, yo me encontraba relativamente protegida…onda “no soy yo la que quiere, así que muéstrele a ella mientras yo los sigo” Se vio interesante el “gym”. ¿Sería yo capaz? Mi hermana propuso lo siguiente “yo me metería, si te metes tu, porque sino me da vergüenza” La pobre se sentía inhibida…yo igual, uno tiende a pensar que en el gimnasio anda pura gente calugüienta y escultural. “Lo pensaré, déjame sacar cuentas”, le dije. Ella iba a hacer lo mismo.
Domingo, al mediodía. Mi hermana ya había perdido el impulso, al contrario de mi, que ya me veía toda deportista y apretada. Se bajó del carro, las cuentas, las deudas, cómo pagar el gimnasio, etc. Yo la subí al carro de nuevo y fuimos a inscribirnos, a la evaluación y a firmar y llenar los cheques. Los cheques fue lo de menos, la evaluación fue penosa. No hay forma de pasar dignamente ese trámite a menos que vengas derecho desde otro gimnasio. Tienes tanta grasa por acá y tienes la cagada por acá y mejor que te hagas el ánimo de que hay muuuuuuucho trabajo que realizar. Todo esto sazonado por un hombre de silueta perfecta que te está mirando las pechugas, caderas, brazos, nalgas y demases, te pone una huincha de medir, toma notas, te monta arriba de una pesa, saca cálculos y te mira con cara de “caso perdido”. Primer diagnóstico: “tienes que venir 5 días a la semana, hacer trabajo cardiovascular por un mes.” ¿Qué diablos?, piensas tu mientras haces como que te ríes con la confusión que su cara te produce.
Ya para el lunes, yo había juntado un par de pilchas que podrían servir para ser sudadas. Además vestí mi mejor cara de “chitas que tengo ganas de hacer harto ejercicio” Segundo trauma (asumiendo que el primero fue la evaluación): camarines de mujeres. ¿What the f…? ¿cómo es que aquí todas andan piluchas sin ningún pudor? Seré honesta, soy bastante pudorosa con mi cuerpo, no llego y se lo muestro a cualquiera…pero mi inquietud más grave no era qué hacer con MI cuerpo en ese lugar, sino que no me cabía en la cabeza tanto cuerpo ajeno…¿acaso estas evas creen que a mi me tiene que dar lo mismo verles sus partes íntimas? ¡Vamos! No quiero tanta información. Ya me di cuenta de que ahí le hicieron la cesárea a una, una apendicitis a otra…esa probablemente ha tenido como ochocientos hijos (la delatan sus caderas y sus pechugas) y a esa otra ni siquiera le termina de crecer todo lo que debe crecer…Es extraordinariamente incómodo, a donde mires hay un pedazo de piel desnudo, y te baja la paranoia de que no te vean que viste porque no es que te agrade ver sino que si se ponen al frente y alrededor es terroríficamente inevitable. Es lejos la parte más estresante de ir al gimnasio. Incluso cuando ya hiciste tus deberes, pasaste pedaleando 50 minutos, montado en la elíptica otros 25…te cambias de ropa en 2 segundos, vas al sauna a despejar tu vista de tanto órgano reproductor femenino…y ¡zas!, lo primero que ves es una par de pechugas sudadas. ¡Están en todas partes!
Un amigo me dijo “bueno, a mi no me molestaría estar ahí dentro”. Yo pensé “a mi igual me molestaría tener que verle el “miembro” a todos los miembros”. Claramente no me acomodaría más caer en el camarín del sexo opuesto. Soy de la antigua escuela…quiero elegir qué pedazo de intimidad ver de quien yo quiera, cuándo quiera y de la forma en que yo quiera. ¿Es mucho pedir? He comido del árbol del bien y el mal y me declaro contundentemente humana, asi que adanes y evas pueden irse a vivir a su paraíso o empezar a usar al menos una hojita de parra pa taparse.
Menos mal que hasta el minuto no ha habido un tercer trauma…un par de planchas, eso si. Como estar con el pelo como escoba, la ropa sudada, la cara fucsia bañada de sudor y darte cuenta de que al lado tuyo hay un tipo precioso que te encantaría conquistar…, obviamente vuelves a la realidad y te das cuenta de que no es tu condición más óptima pa intentarlo y quisieras usar un cambucho pa taparte la facha. O estar en una piscina de hidromasajes y que se te siente al lado alguien…no evitas pensar en algunas fantasías que alguna vez tuviste con algún jacuzzi, y lo lejos que está este personaje de haber tenido un rol en esa escena…tu fantasía se estropea inmediatamente. Ojalá no de por vida.
Exceptuando todos esos extraños fenómenos, que no hacen más que ponerle un poco más de sudor al evento, me siento bien. Era verdad, eso que todos decían. Que uno necesita actividad, que el ejercicio te borra de la mente todas las estupideces del día. Que te comienzas a conectar con tu cuerpo y aprender a cuidarlo. Veremos los resultados en un futuro próximo (espero)
Bueno, la acompañé y me quedó picando el bichito. Debo declarar que mi vida era claramente sedentaria hasta el minuto. Ya no estaba pudiendo evitar dormir hasta las 12 a.m., no tomar desayuno, almorzar, dormirme tarde, caminar lo justo y necesario, desde mi casa al metro y viceversa. Pero ese sábado fue el gran cambio para mi. Como la inquietud era de mi hermana, yo me encontraba relativamente protegida…onda “no soy yo la que quiere, así que muéstrele a ella mientras yo los sigo” Se vio interesante el “gym”. ¿Sería yo capaz? Mi hermana propuso lo siguiente “yo me metería, si te metes tu, porque sino me da vergüenza” La pobre se sentía inhibida…yo igual, uno tiende a pensar que en el gimnasio anda pura gente calugüienta y escultural. “Lo pensaré, déjame sacar cuentas”, le dije. Ella iba a hacer lo mismo.
Domingo, al mediodía. Mi hermana ya había perdido el impulso, al contrario de mi, que ya me veía toda deportista y apretada. Se bajó del carro, las cuentas, las deudas, cómo pagar el gimnasio, etc. Yo la subí al carro de nuevo y fuimos a inscribirnos, a la evaluación y a firmar y llenar los cheques. Los cheques fue lo de menos, la evaluación fue penosa. No hay forma de pasar dignamente ese trámite a menos que vengas derecho desde otro gimnasio. Tienes tanta grasa por acá y tienes la cagada por acá y mejor que te hagas el ánimo de que hay muuuuuuucho trabajo que realizar. Todo esto sazonado por un hombre de silueta perfecta que te está mirando las pechugas, caderas, brazos, nalgas y demases, te pone una huincha de medir, toma notas, te monta arriba de una pesa, saca cálculos y te mira con cara de “caso perdido”. Primer diagnóstico: “tienes que venir 5 días a la semana, hacer trabajo cardiovascular por un mes.” ¿Qué diablos?, piensas tu mientras haces como que te ríes con la confusión que su cara te produce.
Ya para el lunes, yo había juntado un par de pilchas que podrían servir para ser sudadas. Además vestí mi mejor cara de “chitas que tengo ganas de hacer harto ejercicio” Segundo trauma (asumiendo que el primero fue la evaluación): camarines de mujeres. ¿What the f…? ¿cómo es que aquí todas andan piluchas sin ningún pudor? Seré honesta, soy bastante pudorosa con mi cuerpo, no llego y se lo muestro a cualquiera…pero mi inquietud más grave no era qué hacer con MI cuerpo en ese lugar, sino que no me cabía en la cabeza tanto cuerpo ajeno…¿acaso estas evas creen que a mi me tiene que dar lo mismo verles sus partes íntimas? ¡Vamos! No quiero tanta información. Ya me di cuenta de que ahí le hicieron la cesárea a una, una apendicitis a otra…esa probablemente ha tenido como ochocientos hijos (la delatan sus caderas y sus pechugas) y a esa otra ni siquiera le termina de crecer todo lo que debe crecer…Es extraordinariamente incómodo, a donde mires hay un pedazo de piel desnudo, y te baja la paranoia de que no te vean que viste porque no es que te agrade ver sino que si se ponen al frente y alrededor es terroríficamente inevitable. Es lejos la parte más estresante de ir al gimnasio. Incluso cuando ya hiciste tus deberes, pasaste pedaleando 50 minutos, montado en la elíptica otros 25…te cambias de ropa en 2 segundos, vas al sauna a despejar tu vista de tanto órgano reproductor femenino…y ¡zas!, lo primero que ves es una par de pechugas sudadas. ¡Están en todas partes!
Un amigo me dijo “bueno, a mi no me molestaría estar ahí dentro”. Yo pensé “a mi igual me molestaría tener que verle el “miembro” a todos los miembros”. Claramente no me acomodaría más caer en el camarín del sexo opuesto. Soy de la antigua escuela…quiero elegir qué pedazo de intimidad ver de quien yo quiera, cuándo quiera y de la forma en que yo quiera. ¿Es mucho pedir? He comido del árbol del bien y el mal y me declaro contundentemente humana, asi que adanes y evas pueden irse a vivir a su paraíso o empezar a usar al menos una hojita de parra pa taparse.
Menos mal que hasta el minuto no ha habido un tercer trauma…un par de planchas, eso si. Como estar con el pelo como escoba, la ropa sudada, la cara fucsia bañada de sudor y darte cuenta de que al lado tuyo hay un tipo precioso que te encantaría conquistar…, obviamente vuelves a la realidad y te das cuenta de que no es tu condición más óptima pa intentarlo y quisieras usar un cambucho pa taparte la facha. O estar en una piscina de hidromasajes y que se te siente al lado alguien…no evitas pensar en algunas fantasías que alguna vez tuviste con algún jacuzzi, y lo lejos que está este personaje de haber tenido un rol en esa escena…tu fantasía se estropea inmediatamente. Ojalá no de por vida.
Exceptuando todos esos extraños fenómenos, que no hacen más que ponerle un poco más de sudor al evento, me siento bien. Era verdad, eso que todos decían. Que uno necesita actividad, que el ejercicio te borra de la mente todas las estupideces del día. Que te comienzas a conectar con tu cuerpo y aprender a cuidarlo. Veremos los resultados en un futuro próximo (espero)
Suscribirse a:
Entradas (Atom)