Soy la primera en admitir que hasta hace 7 días atrás cualquiera que me hablara de un gimnasio como hobby me parecía un sujeto con altas posibilidades de ser un cabeza de músculo o un siervo de la cultura por el físico. Ahora no. Las cosas han cambiado desde que el sábado pasado mi hermana quiso, insistentemente, que la acompañara a verificar qué tal era tal gimnasio en tal parte…”necesito hacer ejercicio, reafirmar mi autoestima, botar estrés…”
Bueno, la acompañé y me quedó picando el bichito. Debo declarar que mi vida era claramente sedentaria hasta el minuto. Ya no estaba pudiendo evitar dormir hasta las 12 a.m., no tomar desayuno, almorzar, dormirme tarde, caminar lo justo y necesario, desde mi casa al metro y viceversa. Pero ese sábado fue el gran cambio para mi. Como la inquietud era de mi hermana, yo me encontraba relativamente protegida…onda “no soy yo la que quiere, así que muéstrele a ella mientras yo los sigo” Se vio interesante el “gym”. ¿Sería yo capaz? Mi hermana propuso lo siguiente “yo me metería, si te metes tu, porque sino me da vergüenza” La pobre se sentía inhibida…yo igual, uno tiende a pensar que en el gimnasio anda pura gente calugüienta y escultural. “Lo pensaré, déjame sacar cuentas”, le dije. Ella iba a hacer lo mismo.
Domingo, al mediodía. Mi hermana ya había perdido el impulso, al contrario de mi, que ya me veía toda deportista y apretada. Se bajó del carro, las cuentas, las deudas, cómo pagar el gimnasio, etc. Yo la subí al carro de nuevo y fuimos a inscribirnos, a la evaluación y a firmar y llenar los cheques. Los cheques fue lo de menos, la evaluación fue penosa. No hay forma de pasar dignamente ese trámite a menos que vengas derecho desde otro gimnasio. Tienes tanta grasa por acá y tienes la cagada por acá y mejor que te hagas el ánimo de que hay muuuuuuucho trabajo que realizar. Todo esto sazonado por un hombre de silueta perfecta que te está mirando las pechugas, caderas, brazos, nalgas y demases, te pone una huincha de medir, toma notas, te monta arriba de una pesa, saca cálculos y te mira con cara de “caso perdido”. Primer diagnóstico: “tienes que venir 5 días a la semana, hacer trabajo cardiovascular por un mes.” ¿Qué diablos?, piensas tu mientras haces como que te ríes con la confusión que su cara te produce.
Ya para el lunes, yo había juntado un par de pilchas que podrían servir para ser sudadas. Además vestí mi mejor cara de “chitas que tengo ganas de hacer harto ejercicio” Segundo trauma (asumiendo que el primero fue la evaluación): camarines de mujeres. ¿What the f…? ¿cómo es que aquí todas andan piluchas sin ningún pudor? Seré honesta, soy bastante pudorosa con mi cuerpo, no llego y se lo muestro a cualquiera…pero mi inquietud más grave no era qué hacer con MI cuerpo en ese lugar, sino que no me cabía en la cabeza tanto cuerpo ajeno…¿acaso estas evas creen que a mi me tiene que dar lo mismo verles sus partes íntimas? ¡Vamos! No quiero tanta información. Ya me di cuenta de que ahí le hicieron la cesárea a una, una apendicitis a otra…esa probablemente ha tenido como ochocientos hijos (la delatan sus caderas y sus pechugas) y a esa otra ni siquiera le termina de crecer todo lo que debe crecer…Es extraordinariamente incómodo, a donde mires hay un pedazo de piel desnudo, y te baja la paranoia de que no te vean que viste porque no es que te agrade ver sino que si se ponen al frente y alrededor es terroríficamente inevitable. Es lejos la parte más estresante de ir al gimnasio. Incluso cuando ya hiciste tus deberes, pasaste pedaleando 50 minutos, montado en la elíptica otros 25…te cambias de ropa en 2 segundos, vas al sauna a despejar tu vista de tanto órgano reproductor femenino…y ¡zas!, lo primero que ves es una par de pechugas sudadas. ¡Están en todas partes!
Un amigo me dijo “bueno, a mi no me molestaría estar ahí dentro”. Yo pensé “a mi igual me molestaría tener que verle el “miembro” a todos los miembros”. Claramente no me acomodaría más caer en el camarín del sexo opuesto. Soy de la antigua escuela…quiero elegir qué pedazo de intimidad ver de quien yo quiera, cuándo quiera y de la forma en que yo quiera. ¿Es mucho pedir? He comido del árbol del bien y el mal y me declaro contundentemente humana, asi que adanes y evas pueden irse a vivir a su paraíso o empezar a usar al menos una hojita de parra pa taparse.
Menos mal que hasta el minuto no ha habido un tercer trauma…un par de planchas, eso si. Como estar con el pelo como escoba, la ropa sudada, la cara fucsia bañada de sudor y darte cuenta de que al lado tuyo hay un tipo precioso que te encantaría conquistar…, obviamente vuelves a la realidad y te das cuenta de que no es tu condición más óptima pa intentarlo y quisieras usar un cambucho pa taparte la facha. O estar en una piscina de hidromasajes y que se te siente al lado alguien…no evitas pensar en algunas fantasías que alguna vez tuviste con algún jacuzzi, y lo lejos que está este personaje de haber tenido un rol en esa escena…tu fantasía se estropea inmediatamente. Ojalá no de por vida.
Exceptuando todos esos extraños fenómenos, que no hacen más que ponerle un poco más de sudor al evento, me siento bien. Era verdad, eso que todos decían. Que uno necesita actividad, que el ejercicio te borra de la mente todas las estupideces del día. Que te comienzas a conectar con tu cuerpo y aprender a cuidarlo. Veremos los resultados en un futuro próximo (espero)
martes, febrero 07, 2006
Suscribirse a:
Comentarios de la entrada (Atom)
2 comentarios:
Hacerse de un físico? Anything you want, you'll get it. A veces quisiera que te hicieras física, que te hicieras aquí... pero Amge estás siempre tan lejos... quisiera que llegaras como la luna, llena y completa, sólo por saber quien eres.
el ejercicio sirve para botar esa rabia acumulada que tienes. no tengas resentimiento del mundo ;)
Publicar un comentario