Hace tiempo que me pasa que cada vez que alguien me pregunta “¿Eres creyente?” como que no sé qué contestar. Generalmente formulo la contrapregunta “¿Te refieres a si soy católica?”. Si ese es el caso, mi respuesta es un contundente “no”. Como sea, igual me genera ciertas aprensiones la ligereza con que se suele abordar el tema de la identificación espiritual en una pregunta tipo “¿De qué colegio saliste?”. La gente no espera una real respuesta (hablar de la propia intimidad espiritual es para largo y tendido, y podría concluir en mil preguntas más que en mil respuestas o verdades). La gente espera que les digas algo conocido como “Si, soy católica” (o evangélica o krishna o whatever), algo con lo que te pueda clasificar, tal como el colegio de donde saliste.
Cuando yo era chica solía ir a la iglesia con mi viejo (y otros personajes de la familia). Había un momento en que siempre yo quedaba sumamente inquieta: cuando el cura decía “Oremos”. Bueno, eso se supone que pasa en varias ocasiones en una misa, a veces de pie, a veces en cuclillas. Yo miraba a la gente que se encontraba alrededor con cara de estar haciendo algo muy serio. Algunos agachaban la cabeza como en señal de humildad y súplica, otros la levantaban como buscando en el techo a ver si las respuestas estaban escritas. Algunos tenían los ojos abiertos, tratando de encontrar la mirada de Dios, otros los cerraban, como si creyeran que no eran dignos de mirarlo. Yo los miraba a ellos y me preguntaba “¿Qué hacen?”.
En una ocasión le pregunté a mi viejo. Necesitaba saber qué era lo que se hacía cuando el cura daba esa orden. Mi viejo me explicó que en ese momento tu le contabas a Dios las cosas que necesitabas y que querías, le pedías protección, le decías que lo amabas y le agradecías por las bendiciones que te daba. Raro. Creo que hasta ese minuto yo pensaba que uno sólo se dirigía a Dios mediante los versos que nos han enseñado (como el Padre Nuestro, el Credo, etc.) Esa forma de intimidad con Dios me conmovió, porque entonces ya no era como enviar un memorando o pasar por un salvoconducto…era lisa y llanamente una charla con Dios.
Años después, descubrí que Dios no es exclusivo de los Católicos. Que podía creer en cosas que no me habían enseñado en una iglesia y que además tenía la libertad de NO creer en cosas que sí pretendían que creyera para ser una Católica hecha y derecha. Entonces, ya tenía una respuesta (una de las más definitivas que he encontrado): No soy católica. Claro que eso no quería decir que fuera atea.
Con el tiempo, creo que me fui construyendo un Dios como de collage. Como si tomara un recorte de una idea, otro recorte de un sentimiento, otro de una intuición, otro de un sueño, otro de una casualidad, y fuera pegándolos sobre una cartulina para darle un rostro a mi fe. Un retrato con millones de combinaciones de texturas, olores, colores y hasta sabores.
Mi relación con mi fe ha sido esporádica. He dejado botado a mi Dios de collage muchas veces. Otras, simplemente lo he negado (y más de tres veces). Pero hace unos días, en medio de una actividad tan mundana como barrer la terraza, deje la escoba a un lado, me senté en el peldaño de la entrada de mi casa a fumar un cigarro y me detuve a mirar a los árboles. De pronto (aunque sin ser conciente de ello) ya me parecía a esas personas que veía en la iglesia cuando era chica…de esas que elevaban los ojos buscando la mirada de Dios. Comencé a pensar en lo que anhelo. Mi corazón hablaba con silenciosa fuerza y le contaba al aire cuál es su sueño más profundo. Narraba con pasión cómo y por qué deseo lo que más deseo en este instante. Confesaba mi necesidad y mi ilusión, y como siempre he intentado no ser muy ingrata, enumeraba la cantidad de logros que he obtenido y las cosas que no me han faltado. Cuando ya estaba por terminar el cigarro y reanudar la tarea de barrer, eché a volar una pequeña esperanza en que mi Dios de collage me hubiera escuchado y quisiera cumplir mi sueño. Entonces, me di cuenta que había estado rezando. Había vuelto a conversar con Dios, con mi Dios.
Fue grato descubrir que había reestablecido esa comunicación. ¿Pero qué digo?. A mi me enseñaron muchas veces que la comunicación consta al menos de 3 elementos: el emisor, el mensaje y el receptor. Suponiendo que mi rol es el primero, el mensaje es mi plegaria y el receptor es Dios, una dinámica de comunicación supondría una respuesta ¿no?. ¿Esto es una charla o un monólogo?. Me angustió comprender que mi sueño es tan frágil que el único “receptor” que me brinde un poco de esperanza es uno que no da respuesta. ¿Será que elegimos la fe porque es más fácil asumir el silencio que escuchar un “no” cuando pedimos que se nos cumpla un sueño?.
Quisiera tener una sola respuesta. Sólo una verdad. Pero lo que tengo es a mi Dios de collage que responde con silencio, igual que todos los otros dioses. Entonces me di cuenta de algo más, recordé a mi viejo. Si una oración, o un rezo, es decir lo que deseas, lo que quieres, lo que necesitas, lo que amas y dar las gracias por tus bendiciones…quizás tu Dios puede ser cualquiera y en verdad todos oramos. Nos rezamos los unos a los otros. Si yo te digo lo que deseo y necesito de ti, cuánto te amo, te pido tu protección y te doy las gracias por las veces que has hecho sonreír a mi corazón. Si tu haces lo mismo conmigo…entonces orar no es solamente un acto de fe, sino un acto de amor. Un amor lleno de sinceridad, que ha perdido el miedo a ser vulnerable, que no piensa en ser humillado sino humilde.
¿Si yo te rezo a ti serás capaz de hacer realidad mis sueños?. Eso dependerá de tu corazón. Pero lo cierto es que, aunque nunca me entere de la verdad o no obtenga la que yo quisiera, es mucho más probable que reciba una respuesta tuya que de mi Dios de collage.
Ojalá tus respuestas nunca sean un silencio (que para eso ya tenemos a Dios).
PD: Recuerdo haber leído por ahí (no me pidan citas exactas, pero más de alguien notará que esto tiene que ver incluso con el mito de la cueva de Platón) que la verdad sublime e íntegra es algo que el hombre no puede abordar. Si un simple humano se enfrentara a la verdad (a las respuestas de todo) no tendría más remedio que desaparecer. No puedo evitar preguntarme: Si la verdad nos brinda la muerte ¿la muerte nos brindará la verdad?. Eso sería lindo.
PD2: Algunos dicen que el nombre real de Dios encierra toda la verdad, por eso es impronunciable.
miércoles, mayo 24, 2006
martes, mayo 16, 2006
Cerrando el capítulo ( o Cuando muere un libro)
Anoche terminé un libro. Pasé muchos meses en que no leí nada por el puro placer de leerlo, sino porque era necesario para mi investigación. A los pocos días de titulada, una amiga me prestó un libro que ya me había recomendado y comentado alguna vez. Lo tomé agradecida y comencé a leerlo inmediatamente. No me imaginaba que me iba a encontrar con palabras que me conmovieran tanto. Anoche, entre grandes sollozos, lo terminé de leer (segunda vez en la vida que un libro me hace llorar a mares).Estoy hablando de “La insoportable levedad del ser”, de Milan Kundera. Yo ya había oído hablar de él, pero sólo cuando estaba leyéndolo y lo comentaba con mis amigos me fui enterando que es el libro (o la película, en su defecto) de cabecera de mucha gente. En general me apestan las cosas muy masivas, me gusta mantener una pseudo complicidad con algún objeto que sienta que sólo yo lo comprendo en su real magnitud o belleza. Pero éste libro es así… ¿cómo podrías no comprenderlo? Habla del amor, claro, ese sí que es tema universal. Pero habla del amor posible para la esencia humana (esa es la parte bella). Que no es lo mismo que un amor divino ni perfecto. Es el amor como es. Con todas las imperfecciones probables que un ser humano es capaz de proyectarle desde su propia imperfección.
No quiero hacer de esta publicación una crítica literaria, no me interesa. A quienes quisiera que leyeran el libro y se conmovieran como yo, ya se los diré. Y a quienes lo han leído les podría parecer hasta soberbio que yo llegue y decrete de qué forma hay que entenderlo. Sólo quería hacer una breve reseña para poder citar un pasaje del libro que me dejó como si hubiera tenido una revelación divina. Divina…no en el sentido de haber visto ángeles y una luz radiante que me trajera dicha, sino todo lo contrario. Divina en el sentido de creer que encontré una verdad dolorosamente bella en las palabras de otra persona.
Me doy la lata de compartir con ustedes las frases más relevantes de aquel pasaje:
“…La chica hablaba de la tormenta, sonreía al recordarla y él la miraba asombrado y casi sentía vergüenza: ella había vivido algo hermoso y él no lo había vivido con ella. El doble modo en que la memoria de los dos había reaccionado ante la tormenta nocturna contenía toda la diferencia que hay entre el amor y el no-amor…”
“…No fue él quien se comportó mal con ella, la que se comportó mal fue su memoria que, por su cuenta y sin la intervención de él, la expulsó de la esfera del amor…”
“…Parece como si existiera en el cerebro una región totalmente específica, que podría denominarse memoria poética y que registra aquello que nos ha conmovido, encantado, que ha hecho hermosa nuestra vida. Desde que conoció a Teresa ninguna mujer tenía derecho a imprimir en esa parte del cerebro ni la más fugaz de las huellas.
Teresa ocupaba despóticamente su memoria poética y había barrido de ella las huellas de las demás mujeres. No era justo, porque por ejemplo la chica con la que había hecho el amor en la alfombra durante la tormenta era tan digna de poesía como Teresa (…)
En otras palabras, golpeaba a la puerta de su memoria poética. Pero la puerta permanecía cerrada. En la memoria poética no había sitio para ella. Para ella sólo había sitio en la alfombra...”
No pretendo resumir la esencia del libro a sólo estos párrafos. Imposible, lo sé. Pero ojalá cada uno de ustedes encontrara en él su propia verdad (por dolorosa que sea) y perteneciéramos todos a este club de asombrados que ponen bajo sus almohadas este libro.
Como dije, anoche lo terminé de leer entre sollozos. Sentí la pérdida de aquel libro. Ojalá hubiese sido eterno y hubiera estado esperando por mí al lado de mi cama con nuevas revelaciones para siempre. Ahora lo miro y se ha quedado sin palabras. El gran secreto de nuestro club es sabemos que aquellas palabras están ahora dentro de nosotros, en nuestra memoria poética. Cuando un libro muere, no hay que enterrarlo, hay que heredarlo.
viernes, mayo 12, 2006
Sweet surrender?
¿Por qué será que últimamente me gustan las sorpresas?...o no sé si la palabra “sorpresa” define mi adicción actual al contacto con lo irregular, con lo impulsivo, con lo fuera de esquema, con lo que no tiene horario. Todo aquello que no tiene necesariamente un nombre, una fecha de elaboración o vencimiento, un lugar o un contexto. Ahí parece estar la clave, en ésta otra palabra “descontextualización”. Pero todo con una gran cuota de espontaneidad.
Anoche, un poco antes de salir de la oficina una amiga me dice “¿por qué no te vienes pa mi casa?”. Le respondí “¿hoy jueves?, ¿teniendo que trabajar mañana?”. Me dio un rotundo y simple “Si”, y pensé “bah, ¿por qué no?". Una conoce a sus amigas, y se conoce CON sus amigas, y yo sabía perfectamente que no era un asunto de ir a comer juntas y tomar un aperitivo y luego irnos a dormir a las 23:00 hrs. No…esto era pa largo. Esto eran dos mujeres solas, una botella de pisco, una de Coca Light, dos cajetillas de cigarrillos y un cenicero al medio. La nota femenina sería dada por un florero con hierberas y dos velas aromáticas. Esto era pa largo, pero me importó un pucho la amenaza de dormir 3 hrs., no tener mi cosmetiquero para maquillarme al día siguiente y llegar con jaqueca a la pega. Así que le dije “bueh, no será ni la primera ni la última vez (que seamos deliberadamente irresponsables)” y partí.
La charla fue buena, como siempre. Claro que hablé mucho más yo que ella. Debe ser por mi estado de confusión y búsqueda en que tengo mucho, mucho que decir, que contar, que preguntar. No omito los detalles, me gusta ser precisa en decir las cosas buenas y las cosas malas de lo que me sucede para que me puedan dar una opinión lo más objetiva posible o un consejo realmente apropiado a las circunstancias. Así fue, creo.
Sigo con el tema de los miedos. Es un “subject” recurrente en mi y en mis publicaciones. Ya hace tiempo me di cuenta de que el destino ha sido confrontacional conmigo. Sólo basta que yo diga “no quiero que me pase tal cosa”, para que suceda. Basta con que declare “esa situación es algo que yo no podría tolerar física o emocionalmente”, para que los astros se alinien de tal forma en que yo deba enfrentarme, sí o sí, a eso. Entre otras cosas, ella me dijo “uno decreta lo que le sucede, y escúchame, weona, uno siempre sabe…tu siempre hai sabido, hai olido lo que te va a pasar en tal situación o con tal persona, que te hagas la weona un rato es OTRO tema, pero no me vengai con wevadas, tú lo sabíai”. Y no me quedó más remedio que mirar con ojos de “me declaro culpable de eso: sí, yo lo sabía”.
Pero tampoco uno lo sabe todo, sino qué simple sería la vida. Uno sabe la parte en que se conoce, la parte que uno advierte. Pero nada de eso decreta cómo van a suceder las cosas cuando el rumbo de ellas dependen (y en TODO SIEMPRE dependen) de otras personas. Uno puede intuir (o saber, como diría mi amiga) qué es lo que le va a sentir uno, incluso lo que va sentir la otra persona. Puedes saber qué decisiones vas a tomar tú y por qué, pero ahí está el abismo…no puedes saber nunca qué decisión va a tomar el otro, teñidas de quién sabe qué pensamientos o sentimientos o traumas. Es heavy, y no pasa sólo en la relaciones que establecemos con nuestros amigos, parejas, familias. Pasa en cualquier contexto en que uno tenga que relacionarse con otro. Aunque tu relación con ese otro no sea íntima, es imposible descartar que en su trato hacia ti no hayan tintes de un mal día, de una jaqueca, de una desilusión. Todos, asuntos que no te conciernen, pero que te van a afectar a la hora de que tu jefa te encargue una tarea con mayor o menor amabilidad, por ejemplo.
Tengo una mezcla de sentimientos. Estoy encantada con lo que me sucede, pero al mismo tiempo le temo a mi actual afición a lo desconocido, a lo riesgoso, a meterme en las patas de los caballos, a lo que suena a problemas y luchas. Aunque esa lucha sea tan absurda y poco importante como haber estado cabeceando toda esta mañana en la oficina porque anoche me fui de borrachera con mi amiga. Eso me tiene sorprendida de mi. Yo siempre sentí que me conocía tanto, pero ahora me miro al espejo y mi reflejo me emplaza con un “¿por qué quieres hacer esto?, ¿sabes al menos qué es “esto”?” Y el 80% de mi, que está afuera del espejo, responde “no lo sé, y no me importa ahora, quiero hacerlo”. Me extraño. ¿Seré idiota sin remedio? O simplemente estoy descubriendo que me agrada la parte de mi en que asume que se caga de susto, pero también reconoce que existe el “point of no return”, que es ese momento en que ya no hay paso atrás. Estás metida en lo que estás metida y punto, asúmelo, cómetelo.
Mi amiga dijo otra cosa anoche. “Si estai pensando en que no vai a llorar, estai cagá. Vai a llorar igual. Imposible no sufrir”. Esto me hizo mucho sentido. ¿Cómo va a ser posible no sufrir cuando buscas la felicidad?. Si cualquier cosa que nos da lo mismo, que no nos brinda alegría, tampoco nos haría derramar lágrimas. Eso fue aterrorizante, pero también me trajo algo de consuelo. ¿Si no puedo evitar sufrir, por qué he de detenerme en conseguir la alegría?, ¿Para qué tenerle miedo a sufrir si eso es algo inevitable? Como la muerte. Es imposible vivir en la negación de que va a ocurrir y que no depende de ti.
¿Será una nueva parte de mi?. Posiblemente no es tan nueva. En verdad creo que siempre he sabido que soy mucho más sentimiento que razón, pero el miedo siempre me ha llevado a inscribirme en los terrenos de la lógica. Bueh, no siempre. Reconozco que he tenido impulsos irreprimibles en algunas ocasiones, pero ahora no tengo ganas en absoluto de reprimirme nada. Lo que no sé es qué parte de mi ganará esta lucha. ¿Será que en el camino el temor absurdo (absurdo, porque ya sabemos que el sufrimiento es inevitable en algun punto) me hará frenar?, ¿o será que finalmente mi corazón no estará dispuesto a cederle espacio a mis pensamientos?.
Al final de la noche mi amiga me miró con una cara de alegre condescendencia. Yo le dije “estoy cagá” mientras pensaba “me rindo, i give myself in sweet surrender”. Ella respondió “estai cagá hace rato”. Y nos reimos.
PD: Una cita ñoña, pero que me vino a la cabeza todo el rato mientras escribí: “Do you hear that? Is the sound of inevitability. Never send a human to do a machine’s job”
Anoche, un poco antes de salir de la oficina una amiga me dice “¿por qué no te vienes pa mi casa?”. Le respondí “¿hoy jueves?, ¿teniendo que trabajar mañana?”. Me dio un rotundo y simple “Si”, y pensé “bah, ¿por qué no?". Una conoce a sus amigas, y se conoce CON sus amigas, y yo sabía perfectamente que no era un asunto de ir a comer juntas y tomar un aperitivo y luego irnos a dormir a las 23:00 hrs. No…esto era pa largo. Esto eran dos mujeres solas, una botella de pisco, una de Coca Light, dos cajetillas de cigarrillos y un cenicero al medio. La nota femenina sería dada por un florero con hierberas y dos velas aromáticas. Esto era pa largo, pero me importó un pucho la amenaza de dormir 3 hrs., no tener mi cosmetiquero para maquillarme al día siguiente y llegar con jaqueca a la pega. Así que le dije “bueh, no será ni la primera ni la última vez (que seamos deliberadamente irresponsables)” y partí.
La charla fue buena, como siempre. Claro que hablé mucho más yo que ella. Debe ser por mi estado de confusión y búsqueda en que tengo mucho, mucho que decir, que contar, que preguntar. No omito los detalles, me gusta ser precisa en decir las cosas buenas y las cosas malas de lo que me sucede para que me puedan dar una opinión lo más objetiva posible o un consejo realmente apropiado a las circunstancias. Así fue, creo.
Sigo con el tema de los miedos. Es un “subject” recurrente en mi y en mis publicaciones. Ya hace tiempo me di cuenta de que el destino ha sido confrontacional conmigo. Sólo basta que yo diga “no quiero que me pase tal cosa”, para que suceda. Basta con que declare “esa situación es algo que yo no podría tolerar física o emocionalmente”, para que los astros se alinien de tal forma en que yo deba enfrentarme, sí o sí, a eso. Entre otras cosas, ella me dijo “uno decreta lo que le sucede, y escúchame, weona, uno siempre sabe…tu siempre hai sabido, hai olido lo que te va a pasar en tal situación o con tal persona, que te hagas la weona un rato es OTRO tema, pero no me vengai con wevadas, tú lo sabíai”. Y no me quedó más remedio que mirar con ojos de “me declaro culpable de eso: sí, yo lo sabía”.
Pero tampoco uno lo sabe todo, sino qué simple sería la vida. Uno sabe la parte en que se conoce, la parte que uno advierte. Pero nada de eso decreta cómo van a suceder las cosas cuando el rumbo de ellas dependen (y en TODO SIEMPRE dependen) de otras personas. Uno puede intuir (o saber, como diría mi amiga) qué es lo que le va a sentir uno, incluso lo que va sentir la otra persona. Puedes saber qué decisiones vas a tomar tú y por qué, pero ahí está el abismo…no puedes saber nunca qué decisión va a tomar el otro, teñidas de quién sabe qué pensamientos o sentimientos o traumas. Es heavy, y no pasa sólo en la relaciones que establecemos con nuestros amigos, parejas, familias. Pasa en cualquier contexto en que uno tenga que relacionarse con otro. Aunque tu relación con ese otro no sea íntima, es imposible descartar que en su trato hacia ti no hayan tintes de un mal día, de una jaqueca, de una desilusión. Todos, asuntos que no te conciernen, pero que te van a afectar a la hora de que tu jefa te encargue una tarea con mayor o menor amabilidad, por ejemplo.
Tengo una mezcla de sentimientos. Estoy encantada con lo que me sucede, pero al mismo tiempo le temo a mi actual afición a lo desconocido, a lo riesgoso, a meterme en las patas de los caballos, a lo que suena a problemas y luchas. Aunque esa lucha sea tan absurda y poco importante como haber estado cabeceando toda esta mañana en la oficina porque anoche me fui de borrachera con mi amiga. Eso me tiene sorprendida de mi. Yo siempre sentí que me conocía tanto, pero ahora me miro al espejo y mi reflejo me emplaza con un “¿por qué quieres hacer esto?, ¿sabes al menos qué es “esto”?” Y el 80% de mi, que está afuera del espejo, responde “no lo sé, y no me importa ahora, quiero hacerlo”. Me extraño. ¿Seré idiota sin remedio? O simplemente estoy descubriendo que me agrada la parte de mi en que asume que se caga de susto, pero también reconoce que existe el “point of no return”, que es ese momento en que ya no hay paso atrás. Estás metida en lo que estás metida y punto, asúmelo, cómetelo.
Mi amiga dijo otra cosa anoche. “Si estai pensando en que no vai a llorar, estai cagá. Vai a llorar igual. Imposible no sufrir”. Esto me hizo mucho sentido. ¿Cómo va a ser posible no sufrir cuando buscas la felicidad?. Si cualquier cosa que nos da lo mismo, que no nos brinda alegría, tampoco nos haría derramar lágrimas. Eso fue aterrorizante, pero también me trajo algo de consuelo. ¿Si no puedo evitar sufrir, por qué he de detenerme en conseguir la alegría?, ¿Para qué tenerle miedo a sufrir si eso es algo inevitable? Como la muerte. Es imposible vivir en la negación de que va a ocurrir y que no depende de ti.
¿Será una nueva parte de mi?. Posiblemente no es tan nueva. En verdad creo que siempre he sabido que soy mucho más sentimiento que razón, pero el miedo siempre me ha llevado a inscribirme en los terrenos de la lógica. Bueh, no siempre. Reconozco que he tenido impulsos irreprimibles en algunas ocasiones, pero ahora no tengo ganas en absoluto de reprimirme nada. Lo que no sé es qué parte de mi ganará esta lucha. ¿Será que en el camino el temor absurdo (absurdo, porque ya sabemos que el sufrimiento es inevitable en algun punto) me hará frenar?, ¿o será que finalmente mi corazón no estará dispuesto a cederle espacio a mis pensamientos?.
Al final de la noche mi amiga me miró con una cara de alegre condescendencia. Yo le dije “estoy cagá” mientras pensaba “me rindo, i give myself in sweet surrender”. Ella respondió “estai cagá hace rato”. Y nos reimos.
PD: Una cita ñoña, pero que me vino a la cabeza todo el rato mientras escribí: “Do you hear that? Is the sound of inevitability. Never send a human to do a machine’s job”
martes, mayo 09, 2006
Fly me to the moon

Estaba buscando un tema pa escribir hoy, porque me empeñé en hacer de esto un ejercicio diario, un entrenamiento…¿pa qué, ni idea?, pero me gustó el desafío. Bueno, como decía, estaba buscando un tema y no encontraba a las musas o musos inspiradores, así que utilicé un recurso terrenal y me puse a revisar un par de blogs. Eso, lo reconozco, es una deformación profesional…buscar el referente, la idea. No se trata de copiar, no malinterpreten. Ni aunque lo planeara podría escribir como Cortázar, por ejemplo (lo digo con conocimiento de causa porque una vez de chica lo intenté). Se trata de mirar, de entusiasmarse, de ver un punto de vista, encontrar que es bueno, pero plantear el tuyo propio de tu manera particular.
Igual el ejercicio de mirar blogs fue bueno y vi un par de cosas que, aunque no me dieron el tema, me hicieron iniciar esta publicación. Por ahí encontré una imagen y recordé que anoche un amigo estaba escuchando una canción que amo. Se la “canté por msn” y le conté los detalles de por qué esa canción me fascina. El me la envió y descubrí con desánimo que no es una gran versión, pero igual salva.
La canción la conocí hace muchos años, por mi viejo, después la encontré en una película. Al parecer ahora hay otra película más que la usa en su banda sonora. Además, una amiga mía muy querida, que recuperé hace poco, la cantaba precioso. Aunque su versión más conocida es en la voz de “La Voz” (para los menos entrenados, Frank Sinatra), mis versiones favoritas las cantan Anita O’day y mi amiga Andrea. Siempre pensé que me gustaría que ella la cantara el día de mi matrimonio. Es un canje, cuando se case ella yo le hago el discurso (soy increíblemente talentosa pa hacer discursos sentidos y emocionantes, y digámoslo, llorones) y cuando yo me case, ella nos canta Fly me to the moon, aunque igual le tengo en el repertorio un par de canciones más, esa es LA canción que no puede faltar.
Porque es algo muy personal y con tintes de ensoñación, en lugar de simplemente tipearla (como hago con otras canciones que han sido citadas en mi blog) he decidido escribirla. La caligrafía es fea, nunca escribo a mano y cuando lo hago sale así de mal, pero quería compartir mi impronta personal en este tema que no es tema. Disfruten la canción y apréndansela pal día que me case (igual tienen tiempo, jajajajajaja).
lunes, mayo 08, 2006
Los 3 recuerdos del día
Muchos minutos en metro, algunos sabores, olores o el simple ocio, nos pueden traer una brisa vieja a la memoria. En mi caso, el viaje en metro es el mejor proveedor de recuerdos. Hoy estaba sentada (sí, por estos días viajo en horarios que me permiten encontrar un asiento en el metro sin culpa de estárselo robando a una abuelita), y como siempre, miré a mi alrededor. Siempre hay algo interesante que ver, no porque esta sea una ciudad llena de gente freak, sino porque hasta la gente que parece más opaca o aburrida también es entretenida de mirar. En verdad, lo realmente entretenido es ponerse a pensar de dónde viene, a dónde irá, qué acaba de hacer, o qué es lo que hará cuando llegue a su estación. Dónde habrá comprado sus zapatos, cuán poco duerme en las noches que no evita quedarse dormido en esa forma incómoda. Ellos parecen amantes, esos de allá parece que no se amaran hace mucho. Esa persona mira a aquella, aquella me mira a mí. Y en ese ejercicio de no socializar, pero de crear mundos de fantasía entorno a esos cuerpos que van tan callados y tan cerca de ti…de pronto te encuentras con alguien de mirada perdida. No mira a la ventana, no mira el paisaje, no lee los anuncios…está en otro lugar, y lo más increíble de todo es que sonríe. Esa persona muchas veces soy yo. Entré en trance, llegó la brisa y sonreí.Cuando era chiquitita como una pepita de ají solíamos ir todos los fines de semana a Quillota, a ver a mis abuelos, tíos y primos por parte de mi madre. Como 3 kms. antes de llegar comenzábamos a cantar “vamos llegando, chubai, chubai” (qué paciencia mis viejos). Teníamos dos días enteros para escudriñar en la vida de campo. Pero no me detuve en cada una de las anécdotas. Hoy simplemente recordé un par de cosas, como la parcela donde vivía mi abuelo. Un chiquero, casi una mediagua, de madera y latón. Llegar ahí conmigo y mis hermanos era como soltar sin correa a 3 cachorros que han estado encerrados. Con mis hermanos volábamos entre las plantas de choclos, saltando las acequias y haciendo coronas de ramas de sauce. Yo corría detrás de los pollitos. Para mi eran miles de pollitos, amarillitos, redonditos, emplumaditos, suavecitos…¡Quiero uno!, ¡Te voy a atrapar!. Lo penoso es que hasta los minúsculos pollos eran más hábiles que yo y se escabullían. Se escondían en los escombros, saltaban. No pude agarrar uno jamás. Mi tata (un hombre alto) nos despedía siempre llenándonos la maleta del auto con mucha verdura, muy aromática y llena de chinitas que yo también trataba de cazar. Una vez me entregó una canastita llena de huevos (yo me creía Heidi), y me dijo “Cuando llegues a Santiago, ponlos en el refrigerador y a los 2 o 3 días nacerán pollitos”. Mi felicidad era extrema y le hice caso. Con mucho cuidado los puse en el refrigerador esperando pronto ser mamá de más pollitos de los que podía contar con mis dedos. Menos mal que el entusiasmo de los niños es frágil y a los 3 días estaba probablemente pensando en otro juego, porque nunca he tenido un pollito en mi mano.
Una vez también me prometió un potrillo. Dijo que lo iba a atar en el tapabarros del auto para que galopara junto a nosotros hasta Santiago…me impresiona no haberme cuestionado la peligrosidad de tal plan. Y también me asombra no haber nunca mirado hacia atrás para ver si el potrillo venía siguiendo el ritmo. Probablemente fue porque en el viaje de vuelta mi juego era otro. Uno bien estúpido. Yo tenía de esas muñecas que no son Barbies, pero quieren serlo. Digamos una “muñeca aspiracional”, que se sentaba con las patas abiertas, tenía pelo de escoba y era hueca. Ahora entiendo por qué me compraban de esas muñecas de 100 pesos en lugar de una Barbie, porque mi estúpido juego no era más que colgarme de la ventana del auto con mi muñeca en la mano y hacer que ambas sintiéramos el viento en la cara (acabo de recordar que de esa forma una vez me llegó una abeja a la mejilla, y dolió). Como ya lo dije, yo era chiquitita como una pepita de ahí. Una niña pava, tímida y de manitos frágiles. En algún punto, bastante antes de llegar a Santiago, mis deditos se fatigaban y alguna ráfaga particular de viento hacía que mi muñeca volara libre como un pájaro. La primera vez, me dio ataque de llanto. La segunda, probablemente también. Las siguientes, simplemente me hacía la tonta porque la vergüenza de que siempre me sucediera lo mismo era mucha. La humillación de volver a sentarme y que todos se dieran cuenta de que otra vez una muñeca había quedado en el camino (y que yo nunca aprendiera la lección y la agarrara con las dos manos o simplemente dejara de hacer esa pelotudez) era demasiada. Igual…en algún momento se daban cuenta, y venían los retos de mis viejos y las burlas de mis hermanos. Pero el drama se acababa al llegar a Santiago porque pronto tenía otra muñeca. La pobre no se imaginaría el terrible final que le esperaba.
Al llegar a mi estación, recordé que ya soy viejota. Tengo que bajarme. Caminar hasta mi casa, llegar a hacer un par de cosas serias, ser una mujer adulta. En el trayecto no hubo pollitos, potrillos, abejas o viento en la cara, ni muñecas que se vuelan. Pero si hubo más de una sonrisa y un brindis interno por mis tres recuerdos del día.
“There are places I remember all my life,
Though some have changed
Some forever, not for better
Some have gone and some remain.
All these places have their moments
Of lovers and friends I still can recall
Some are dead and some are living
In my life I loved them all.”
domingo, mayo 07, 2006
¿Por qué olvido tu cara?
Porque me importas.Hace ya muchos años que venía sabiendo que olvido las caras importantes. Me había dado cuenta, primero por un sueño. Cuando sueño siento tu presencia, sé que estás a mi lado, puedo verte como un aura, como un ente luminoso u oscuro, incluso puedo sentirte. Sentir tu cuerpo, tu cara y tu olor. Sentir lo que me haces sentir. Pero no veo tu cara, nunca veo tu cara…a menos que me dejes de importar. ¿Por qué me hace eso mi subconciente?. ¿Por qué sí puedo recordar sin problemas las caras de quienes no me interesan en absoluto?.
Esta reflexión ya la empecé hace años. Pero sigue ahí. Sigue pasando. Recuerdo otras cosas, como las palabras que me dijiste. Cuando me hiciste sentir bien o me hiciste sentir mal. Recuerdo perfectamente cuando me reí horas contigo, cuando hicimos payasadas, cuando fuimos a tal lugar, yo te dije algo y tú me contestaste otra cosa. Cuando nos miramos y entendimos sin palabras lo que estábamos pensando. Cuando pediste un consejo y yo te lo regalé. No olvido cuando discutimos, cuando me ofendiste y me hiciste llorar. Cuando nos alejamos y te extrañaba recordando todas esas cosas que recuerdo. Todo, menos tu cara.
No es que no me fije en ti. No es que no me fije en tus movimientos, los conozco bien, los he observado. Sé cómo mueves tus manos cuando tienes nervios, cuando estas ansioso, cuando lavas platos, cuando te tocas el pelo. Si, también conozco tu pelo. Sé cómo cae cerca de tus orejas o arriba de tu cara. Su textura, en variadas ocasiones. Cuando hace frío y se ve opaco, cuando no lo has lavado recientemente, cuando está mojado, cuando está revuelto, cuando huele bien. Sí, también sé tu olor. Si me quitaran los ojos y estuvieras cerca, te reconocería por tu olor. Tu olor en la mañana, en la tarde y en las noches. Tu olor de celebración, tu olor de tristeza. El olor de tus cosas, de tu polerón, de tu auto, de tu casa, de tus manos.
Recuerdo cómo se siente abrazarte. A veces tus abrazos son lánguidos porque te dejas caer para ser consolado. A veces son fuertes porque me consuelas. Conozco la forma en que abrazas con cariño o con pasión, con timidez o teniendo que fingir. Yo sé cómo te ves cuando mientes, como te mueves o te paralizas cuando lo haces.
Puedo imitar tu forma de caminar. Incluso puedo imitar tu forma de bailar. Sé como es tu ritmo. Las figuras invisibles que hace tu cuerpo en el aire y en la tierra.
Tu voz. Está grabada en mis oídos. Tienes voces de todo tipo. Cuando estas resfriado, cuando estás alegre, cuando estás desanimado. Tu voz temblorosa si te vas a poner a llorar. La irrupción contagiosa de tu voz saltarina cuando te ríes.
No es que no me fije en tu cara. Me sé tus muecas. La expresión que haces cuando no te gusta lo que te acabas de echar a la boca. Cómo levantas las cejas si el trago está fuerte. Tu semblante al sorprenderte, al ofenderte, al picarte, al entristecerte. Tus facciones de aburrido, de borracho, de venir recién despertando. De frío o calor. De preocupación. De cuando estás callándote algo importante.
Sí recuerdo tu boca. Tus dientes. Tus labios. Observo cómo los mueves en conjunto cuando estas hablando. Sé cómo se ven la palabras “amar”, “reir”, “querer”, “temer”, “correr”, “mamá”, “papá”, “Ana María” cuando las dices. Sé desde un par de segundos antes cuándo vendrá una sonrisa, sólo por la forma en que tus mejillas comienzan a levantarse y tus ojos a iluminarse.
Conozco tus orejas. Me causan gracia tus orejas. Me hacen sonreír.
Tu nariz. Levantándose como un hito de tu personalidad.
Tus ojos. Lo que más me importa de ti. Los conozco, los reconozco y los recuerdo. Sé tu color. Sé en qué ocasiones tus pupilas están contraídas o dilatadas. Sé cuando tus párpados quieren cerrarse. Tus ojos, muchas veces, hablan más que tu. Siempre recordaré tus ojos, pero más serán tu miradas. Nunca olvidaré cuando me miras, y tampoco cuando me dejas de mirar.
Me sé tus pifias. Si andas con una espinilla fea, si no estás cómodo con lo que vistes. Sé cuando andas mañoso. Sé cuando es mejor ni hablarte. Sé cuando es mejor no responderte. Cuando es mejor dejarte en paz.
Pero no recuerdo tu cara. Como un conjunto. Trato de explicármelo, y es tan difícil. Tengo la impresión de que puede ser porque a veces no conozco tu corazón. No. No es eso. Conozco tu corazón porque lo veo desde tus ojos. Lo que no conozco es lo que sientes. Conozco tu humor, tu ánimo, pero no tus sentimientos. A veces es mi culpa. A veces es responsabilidad mía decir que no conozco tus sentimientos cuando son tan obvios. Pero a veces es tu culpa, porque haces o dices cosas que no son consistentes con lo que yo veo en tus ojos. Y me confundo, y pienso que no sé lo que sientes. Debe ser por eso que olvido tu cara. Porque no logro verte en conjunto, porque no me cuadras, porque me importas. Porque te recuerdo de a pedacitos. Los pedacitos bellos o los terribles, pero no puedo verte como un todo que me confunde. No soporto tu misterio. Me asusta el misterio de tu cara. Me aterra recordarla y no comprenderla. Por eso te recuerdo como un mosaico. Es como leer letras en lugar de palabras. Yo te leo letra por letra. Como un niñito que está empezando a leer, con ansiedad de descubrir al final del esfuerzo qué extraña palabra es esa que ha intentado articular.
Espero que con el mismo asombro yo articule tu cara y la comprenda algún día, y como aquel niñito diga “¡aaaahhh!…esto es lo que quería decir”. Yo creo que entonces comenzaré a recordar tu cara.
¿Tu recuerdas la mía?.
PD: Dedicado a mi familia, a mis amiguis y a quienes me llegan al alma.
sábado, mayo 06, 2006
Release me
Me bajó la weá. Quién sabe cuánto me dure, pero ando con ganas de escribir mucho, así que aquí voy de nuevo, pero ésta vez es distinto, como que quiero hablar de muchas cosas, parece. Tal vez por eso es que ando media callada, porque en verdad quiero escribirlas, no necesariamente articularlas.
Parece que estoy en una tarde de vanidad. Mientras escribo espero que se me seque la pintura de las uñas. Dos capas en cada mano. Ahora estoy pintándome las de los pies después de haberme echado cremita para suavizar (soy una chica polifuncional). Estoy en ropa muy cómoda, pantuflitas, calentita, mi gata duerme al lado mío. Tengo la boca un poco seca, porque anoche bebí vodka, y aunque fue poco y pedí Stolichnaya, tengo la seguridad de que me hicieron lesa y me atacaron con Eristoff, golpe bajo (en verdad “golpe alto”, porque va derecho a la cabeza).
Estoy escuchando música, éste último tiempo he recolectado una gran colección de “variados”. Escucho de todo, les pongo atención a las letras, cómo me representan, cómo entiendo el sentimiento del que hablan. Algunas canciones me dan nostalgia, otras, lisa y llana tristeza, y todas gozo y felicidad porque traen algún recuerdo bello, aunque te apriete el corazón, te lo aprieta precisamente porque fue bello. Qué cliché lo que voy a decir, pero a veces los lugares comunes son la mejor expresión: la música te transporta.
Entre recuerdos, pensando en el pasado, también estoy pensando en el futuro. Mi té sigue muy caliente, así que lo bebo despacio. Como al tiempo, también lo estoy bebiendo despacio y a veces también quema. Hay días que son tan largos…tan largos cuando te falta algo.
Me traigo cosas entre manos y no sé por donde empezar. Una revista, quiero hacer una revista. Muchos de los que me leen deben haberme escuchado hablar de esa volada. Quiero escribir y diseñar, quiero mantenerme en contacto con el experimento porque en esas áreas no me parece grave el peligro de la frustración. Hay tantas cosas con las que no puedo jugar, que quiero armarme mi “playground” con seguridad.
Quiero continuar desarrollando mi tipografía, la quiero convertir en aquella Santísima Trinidad que pensé. Quiero aprovechar mis contactos y meterme de a poco en esa área que pienso reservada para los más talentosos. Me quiero creer el cuento y ponerme patuda, conseguir una ayudantía, ganarme un Altazor yo también!...jajajajaja. Me embalé un poco.
Quiero mover mis manos con mi cerebro y mi corazón. Quiero apasionarme. Escribir un libro, plantar un árbol y tener un hijo!!!....jajaja, hasta yo me río con mis desvariaciones. Dejemos al hijo pa más adelante, no quiero ser madre aún. Además, ya lo dije, soy convencional pa muchas cosas, primero me gustaría enamorarme, ver si la cosa funciona, y después de mucho tiempo de comprobar que no me molesta compartir una cama y un water con el sujeto, casarme de una forma entretenida y original. Luego vendrán los retoños.
Bueno, pero ya me fui al chancho y empecé a pensar en cosas que están a muchos años luz de mi. Es mejor partir por qué hacer ahora. Lo primero, es desahogarme mucho. Llevo más de un año reprimiéndome cosas por estar pensando en “la contigencia” (un guiño pa la Poly, que está tan lejos hoy). Siempre hubo una preocupación más grande. No me permití llorar muchas cosas porque tenía que ir a trabajar, a la U, de vuelta a mi casa a encender mi PC y wevear con el proyecto de título. Tantos atados, tantas cuentas que sacar. No había permiso pa sentir, sino pa puro producir. Con cueva eché un par de lágrimas por mi ex cuando terminamos y después de eso, no me permití involucrarme con nadie, pero no era conciente, sólo me importaba nadar pa cruzar mi río. Largo tiempo perdiéndome de cosas tan buenas. Después de desahogarme, quiero sentir más y mucho, y siempre. Recuperar el tiempo perdido. Ese tiempo en que dejé al corazón de lado, como criogenizado, abandonado. Ahora es tiempo de latir con ganas, por todo y por todos. Me enamoraré y me apasionaré con todo lo que se me plazca, y cometeré errores, y me sentiré viva porque si mi corazón está en marcha mi mente también lo estará y podré lograr todos mis proyectos…
Será que a esto es lo que llaman “sentirse vivo”. Que se revuelva el gallinero entonces, porque ahora es tiempo de revoluciones, después del largo letargo.
Parece que estoy en una tarde de vanidad. Mientras escribo espero que se me seque la pintura de las uñas. Dos capas en cada mano. Ahora estoy pintándome las de los pies después de haberme echado cremita para suavizar (soy una chica polifuncional). Estoy en ropa muy cómoda, pantuflitas, calentita, mi gata duerme al lado mío. Tengo la boca un poco seca, porque anoche bebí vodka, y aunque fue poco y pedí Stolichnaya, tengo la seguridad de que me hicieron lesa y me atacaron con Eristoff, golpe bajo (en verdad “golpe alto”, porque va derecho a la cabeza).
Estoy escuchando música, éste último tiempo he recolectado una gran colección de “variados”. Escucho de todo, les pongo atención a las letras, cómo me representan, cómo entiendo el sentimiento del que hablan. Algunas canciones me dan nostalgia, otras, lisa y llana tristeza, y todas gozo y felicidad porque traen algún recuerdo bello, aunque te apriete el corazón, te lo aprieta precisamente porque fue bello. Qué cliché lo que voy a decir, pero a veces los lugares comunes son la mejor expresión: la música te transporta.
Entre recuerdos, pensando en el pasado, también estoy pensando en el futuro. Mi té sigue muy caliente, así que lo bebo despacio. Como al tiempo, también lo estoy bebiendo despacio y a veces también quema. Hay días que son tan largos…tan largos cuando te falta algo.
Me traigo cosas entre manos y no sé por donde empezar. Una revista, quiero hacer una revista. Muchos de los que me leen deben haberme escuchado hablar de esa volada. Quiero escribir y diseñar, quiero mantenerme en contacto con el experimento porque en esas áreas no me parece grave el peligro de la frustración. Hay tantas cosas con las que no puedo jugar, que quiero armarme mi “playground” con seguridad.
Quiero continuar desarrollando mi tipografía, la quiero convertir en aquella Santísima Trinidad que pensé. Quiero aprovechar mis contactos y meterme de a poco en esa área que pienso reservada para los más talentosos. Me quiero creer el cuento y ponerme patuda, conseguir una ayudantía, ganarme un Altazor yo también!...jajajajaja. Me embalé un poco.
Quiero mover mis manos con mi cerebro y mi corazón. Quiero apasionarme. Escribir un libro, plantar un árbol y tener un hijo!!!....jajaja, hasta yo me río con mis desvariaciones. Dejemos al hijo pa más adelante, no quiero ser madre aún. Además, ya lo dije, soy convencional pa muchas cosas, primero me gustaría enamorarme, ver si la cosa funciona, y después de mucho tiempo de comprobar que no me molesta compartir una cama y un water con el sujeto, casarme de una forma entretenida y original. Luego vendrán los retoños.
Bueno, pero ya me fui al chancho y empecé a pensar en cosas que están a muchos años luz de mi. Es mejor partir por qué hacer ahora. Lo primero, es desahogarme mucho. Llevo más de un año reprimiéndome cosas por estar pensando en “la contigencia” (un guiño pa la Poly, que está tan lejos hoy). Siempre hubo una preocupación más grande. No me permití llorar muchas cosas porque tenía que ir a trabajar, a la U, de vuelta a mi casa a encender mi PC y wevear con el proyecto de título. Tantos atados, tantas cuentas que sacar. No había permiso pa sentir, sino pa puro producir. Con cueva eché un par de lágrimas por mi ex cuando terminamos y después de eso, no me permití involucrarme con nadie, pero no era conciente, sólo me importaba nadar pa cruzar mi río. Largo tiempo perdiéndome de cosas tan buenas. Después de desahogarme, quiero sentir más y mucho, y siempre. Recuperar el tiempo perdido. Ese tiempo en que dejé al corazón de lado, como criogenizado, abandonado. Ahora es tiempo de latir con ganas, por todo y por todos. Me enamoraré y me apasionaré con todo lo que se me plazca, y cometeré errores, y me sentiré viva porque si mi corazón está en marcha mi mente también lo estará y podré lograr todos mis proyectos…
Será que a esto es lo que llaman “sentirse vivo”. Que se revuelva el gallinero entonces, porque ahora es tiempo de revoluciones, después del largo letargo.
viernes, mayo 05, 2006
Testing myself
Ayer me recomendaron un Blog, del que leí esta pequeña encuesta. Me entretuve tanto leyéndola que quise copiarla y responderla yo misma. Me imagino que es un ejercicio que si les pido hacer a quienes me importan, me mandarían a la cresta. Pero quiero compartir mis respuestas con quienes les interese leerlas.
1.- ¿Cuál es su mayor temor?
Quedarme sola. No tener a alguien que me abrace y me haga sentir protegida, quedarme sin alguien a quien contarle mis alegrías, mis penas y reírnos juntos.
2.- ¿Qué idea tiene de la felicidad completa?
Creo que eso se deduce de lo que dije anteriormente, mi idea de felicidad es un abrazo fuerte.
3.- ¿Qué es lo que menos le gusta de usted?
Creo que mi intensidad. No es que no me guste, sino que como la mayoría de la gente NO es así, salgo un poco trasquilada de cualquier relación (amorosa, amistosa, laboral). Me involucro mucho, y eso me gusta, me hace sentir una persona con una gran capacidad de amar, pero putas que duele a veces. Ojalá fuera más fría.
4.- ¿Qué rasgo deplora más en los demás?
La desconsideración y la chuecura, y en general, todo tipo de acciones que hacen que alguien logre cosas de la manera más facilista y charcha.
5.- ¿Cuál es su mayor extravagancia?
Chanfle, no lo sé. En general soy bien convencional, tendré que pensarlo.
6.- ¿Con qué figura histórica se identifica mejor?
No me identifico con ninguna, pero lo que se me ocurre de buenas a primeras es que me llama mucho la atención Inés de Suarez…hay que ser aperrada!.
7.- ¿Cuál es su viaje favorito?
A la playa, en invierno, mirar el mar bajo una frazada, pasear por las rocas, quizás estar en una casa con chimenea y vista al mar y las estrellas, escuchar el ruido conmovedor de las olas bravas. Idealmente, con un chico que me abrace.
8.- ¿Cuál considera la mayor virtud?
La valentía. De cualquier cosa, de seguir adelante, de romper esquemas, de enfrentarse a las trancas, de enfrentarse a los miedos…De saber que un camino va a ser difícil y emprenderlo igual.
9.- ¿Es también la suya?
Trato. Creo que eso nos hace a todos mejores personas. Mi anhelo, y lo único que realmente puedo controlar en mi vida es ser una buena persona.
10.- ¿Qué detesta de su apariencia?
Por principio no contesto esa pregunta. Lo ideal es decir “no detesto nada de mi”, hay que quererse, no?
11.- ¿Cuál es la persona que más desprecia?
He tenido muchas rabias, mucha gente me ha jugado chueco y me ha herido, pero no odio a nadie. Ahora…desprecio profundamente a un personaje que ya es lo suficientemente odiado por muchos: Augusto Pinochet.
12.- ¿Qué palabra o frase usa con más frecuencia?
Jejejeje, los que me conocen sabrán que algunas de mis más usadas muletillas son “de hecho”, “en términos concretos”, y una bastante más charcha “tengo miedo”.
13.- ¿El mayor amor de su vida?
Aun no ha llegado. No es que no haya amado, sino que en las ocasiones en que podría haber sido el gran amor, no ha sido recíproco. Por el momento diré que mi viejo.
14.- ¿Cuándo miente?
Cuando me preguntan cosas indiscretas. Cuando creo que esa persona no tiene el derecho de saber la respuesta. Pero en general no miento, sino que evado.
15.- ¿Su héroe de ficción favorito?
No tengo, pero sólo por mencionar…Linterna Verde. No podís ser superhéroe y llamarte Linterna Verde!!!!. Qué poco cool.
16.- ¿Qué considera como su mayor éxito?
De momento, haber terminado mi eterna carrera profesional.
17.- ¿Cuál es su tesoro más querido?
En términos espirituales, mi corazón. En términos materiales, un reloj que era de mi viejo.
18.- ¿Su ocupación favorita?
Escritora amateur.
19.- ¿Cualidad que prefiere en un hombre?
La valentía de jugársela por mí.
20.- ¿Y en una mujer?
La valentía de desear amar.
21.- ¿Los defectos que no soporta de ambos?
La mediocridad de los sentimientos.
22.- ¿Cuál sería su mayor desgracia?
Perder mis manos o mis ojos.
23.- ¿Cómo le gustaría ser?
Como una persona que no tiene rollos en entregarse sin esperar la entrega a cambio.
24.- ¿El color que prefiere?
Últimamente, el café.
25.- ¿Su flor favorita?
Magnolia.
26.- ¿Un olor que recuerde?
El olor del chaleco de mi tata. El olor dulce de los almacenes de mi infancia. El olor de los hombres que he querido.
27.- ¿Un pájaro?
No sé si me gustan, pero siempre he mirado mucho a los zorzales.
28.- ¿Admira algún hecho militar?
No.
29.- ¿Qué busca en sus amigos?
Feedback. Buenas conversaciones, buenas conclusiones y mucho cariño.
30.- ¿Cuál señalaría como la mayor bajeza?
Lo más bajo, lo peor en la vida que se le puede hacer a otro ser humano es matarlo.
31.- ¿Dónde le gustaría vivir?
En Providencia o Ñuñoa. Bonitos barrios, además de centrales.
32.- ¿Qué talento le hubiera gustado tener?
Haber tenido la increíble habilidad de tocar un instrumento, de preferencia el bajo.
33.- ¿Sus escritores preferidos?
Cortázar, García Marquez, Benedetti, Parra…
34.- ¿Músicos, compositores?
Demasiados.
35.- ¿Pintores, otras bellas artes?
Vincent Van Gogh, Toulouse Lautrec.
36.- ¿Tiene héroes de carne y hueso?
No sé por qué últimamente he pensado que admiro mucho a María izquierdo…(¿??)
37.- ¿Cómo le gustaría morir?
Durmiendo.
38.- El juego de la reencarnación: consiste en elegir la persona que querría ser si pudiera elegir
Me gustaría ser yo de nuevo, hacer mejor algunas cosas y evitar otras.
39.- ¿Qué reforma social o cambio admira?
Ninguna, de momento.
40.- ¿Bajo que bandera batallaría?
Bajo la de mi familia y mis seres queridos.
41.- ¿Qué don de la naturaleza desearía tener?
Volar.
42.- Dígame sus nombres favoritos.
Julia, Amanda, Rocío, Pedro, Pablo, Gonzalo, Ignacio.
43.- ¿Cuál es su lema?
“He superado cosas peores”
44.- ¿Su mayor aversión?
Los ratones.
45.- ¿De qué se arrepiente?
De perder el tiempo.
46.- ¿Tiene alguna pasión?
El amor siempre me apasiona.
47.- ¿Estado actual de su espíritu?
Confundida.
48.- ¿Qué se pregunta usted?
¿Qué hago?, ¿Qué debo sentir?, ¿Cuál es mi siguiente paso?
1.- ¿Cuál es su mayor temor?
Quedarme sola. No tener a alguien que me abrace y me haga sentir protegida, quedarme sin alguien a quien contarle mis alegrías, mis penas y reírnos juntos.
2.- ¿Qué idea tiene de la felicidad completa?
Creo que eso se deduce de lo que dije anteriormente, mi idea de felicidad es un abrazo fuerte.
3.- ¿Qué es lo que menos le gusta de usted?
Creo que mi intensidad. No es que no me guste, sino que como la mayoría de la gente NO es así, salgo un poco trasquilada de cualquier relación (amorosa, amistosa, laboral). Me involucro mucho, y eso me gusta, me hace sentir una persona con una gran capacidad de amar, pero putas que duele a veces. Ojalá fuera más fría.
4.- ¿Qué rasgo deplora más en los demás?
La desconsideración y la chuecura, y en general, todo tipo de acciones que hacen que alguien logre cosas de la manera más facilista y charcha.
5.- ¿Cuál es su mayor extravagancia?
Chanfle, no lo sé. En general soy bien convencional, tendré que pensarlo.
6.- ¿Con qué figura histórica se identifica mejor?
No me identifico con ninguna, pero lo que se me ocurre de buenas a primeras es que me llama mucho la atención Inés de Suarez…hay que ser aperrada!.
7.- ¿Cuál es su viaje favorito?
A la playa, en invierno, mirar el mar bajo una frazada, pasear por las rocas, quizás estar en una casa con chimenea y vista al mar y las estrellas, escuchar el ruido conmovedor de las olas bravas. Idealmente, con un chico que me abrace.
8.- ¿Cuál considera la mayor virtud?
La valentía. De cualquier cosa, de seguir adelante, de romper esquemas, de enfrentarse a las trancas, de enfrentarse a los miedos…De saber que un camino va a ser difícil y emprenderlo igual.
9.- ¿Es también la suya?
Trato. Creo que eso nos hace a todos mejores personas. Mi anhelo, y lo único que realmente puedo controlar en mi vida es ser una buena persona.
10.- ¿Qué detesta de su apariencia?
Por principio no contesto esa pregunta. Lo ideal es decir “no detesto nada de mi”, hay que quererse, no?
11.- ¿Cuál es la persona que más desprecia?
He tenido muchas rabias, mucha gente me ha jugado chueco y me ha herido, pero no odio a nadie. Ahora…desprecio profundamente a un personaje que ya es lo suficientemente odiado por muchos: Augusto Pinochet.
12.- ¿Qué palabra o frase usa con más frecuencia?
Jejejeje, los que me conocen sabrán que algunas de mis más usadas muletillas son “de hecho”, “en términos concretos”, y una bastante más charcha “tengo miedo”.
13.- ¿El mayor amor de su vida?
Aun no ha llegado. No es que no haya amado, sino que en las ocasiones en que podría haber sido el gran amor, no ha sido recíproco. Por el momento diré que mi viejo.
14.- ¿Cuándo miente?
Cuando me preguntan cosas indiscretas. Cuando creo que esa persona no tiene el derecho de saber la respuesta. Pero en general no miento, sino que evado.
15.- ¿Su héroe de ficción favorito?
No tengo, pero sólo por mencionar…Linterna Verde. No podís ser superhéroe y llamarte Linterna Verde!!!!. Qué poco cool.
16.- ¿Qué considera como su mayor éxito?
De momento, haber terminado mi eterna carrera profesional.
17.- ¿Cuál es su tesoro más querido?
En términos espirituales, mi corazón. En términos materiales, un reloj que era de mi viejo.
18.- ¿Su ocupación favorita?
Escritora amateur.
19.- ¿Cualidad que prefiere en un hombre?
La valentía de jugársela por mí.
20.- ¿Y en una mujer?
La valentía de desear amar.
21.- ¿Los defectos que no soporta de ambos?
La mediocridad de los sentimientos.
22.- ¿Cuál sería su mayor desgracia?
Perder mis manos o mis ojos.
23.- ¿Cómo le gustaría ser?
Como una persona que no tiene rollos en entregarse sin esperar la entrega a cambio.
24.- ¿El color que prefiere?
Últimamente, el café.
25.- ¿Su flor favorita?
Magnolia.
26.- ¿Un olor que recuerde?
El olor del chaleco de mi tata. El olor dulce de los almacenes de mi infancia. El olor de los hombres que he querido.
27.- ¿Un pájaro?
No sé si me gustan, pero siempre he mirado mucho a los zorzales.
28.- ¿Admira algún hecho militar?
No.
29.- ¿Qué busca en sus amigos?
Feedback. Buenas conversaciones, buenas conclusiones y mucho cariño.
30.- ¿Cuál señalaría como la mayor bajeza?
Lo más bajo, lo peor en la vida que se le puede hacer a otro ser humano es matarlo.
31.- ¿Dónde le gustaría vivir?
En Providencia o Ñuñoa. Bonitos barrios, además de centrales.
32.- ¿Qué talento le hubiera gustado tener?
Haber tenido la increíble habilidad de tocar un instrumento, de preferencia el bajo.
33.- ¿Sus escritores preferidos?
Cortázar, García Marquez, Benedetti, Parra…
34.- ¿Músicos, compositores?
Demasiados.
35.- ¿Pintores, otras bellas artes?
Vincent Van Gogh, Toulouse Lautrec.
36.- ¿Tiene héroes de carne y hueso?
No sé por qué últimamente he pensado que admiro mucho a María izquierdo…(¿??)
37.- ¿Cómo le gustaría morir?
Durmiendo.
38.- El juego de la reencarnación: consiste en elegir la persona que querría ser si pudiera elegir
Me gustaría ser yo de nuevo, hacer mejor algunas cosas y evitar otras.
39.- ¿Qué reforma social o cambio admira?
Ninguna, de momento.
40.- ¿Bajo que bandera batallaría?
Bajo la de mi familia y mis seres queridos.
41.- ¿Qué don de la naturaleza desearía tener?
Volar.
42.- Dígame sus nombres favoritos.
Julia, Amanda, Rocío, Pedro, Pablo, Gonzalo, Ignacio.
43.- ¿Cuál es su lema?
“He superado cosas peores”
44.- ¿Su mayor aversión?
Los ratones.
45.- ¿De qué se arrepiente?
De perder el tiempo.
46.- ¿Tiene alguna pasión?
El amor siempre me apasiona.
47.- ¿Estado actual de su espíritu?
Confundida.
48.- ¿Qué se pregunta usted?
¿Qué hago?, ¿Qué debo sentir?, ¿Cuál es mi siguiente paso?
miércoles, mayo 03, 2006
Stuck in a moment
Finalmente vuelvo a escribir. Retorno a mi último reducto donde soy sólo yo y nadie más, les guste o no, perpetúo en mi espacio virtual la pureza de mi sentimiento actual.
Habiendo pasado demasiadas lunas y trasnoches desde la última vez que escribí, hoy siento la “insoportable levedad”de la libertad. Bueno, quisiera no ser tan detallista, pero no evito pensar que la libertad plena es algo que no sólo no he recuperado, sino que posiblemente nunca he tenido. Siempre estamos encadenados a cosas, principalmente miedos. Uno de mis mayores miedos…una de mis más gruesas cadenas ha sido cortada. Me doy poco crédito al decirlo así. La he cortado yo, lo planteo con más propiedad. He traspasado mi gran barrera desde hace años. Finalmente terminó el proceso y me he convertido en la profesional que anhelaba ser hace tantos años, la profesional que ya me consideraba hace tiempo. Ya no hay excusas, no hay temores, soy buena, lo han reconocido…Me es grato darle ese honor a quienes me quieren y confiaron en mi, tantas veces, más de lo que yo confié en mi.
Por increíble que esto parezca, superando mi mayor miedo, no me siento libre. Mucho pregoné de “cuando recupere mi libertad”, “cuando me desate de éstas amarras”, “cuando tire esta carga por la borda”…me siento a descubrir que no todas mis cargas se han desvanecido y que hay grilletes pesados que me siguen atando. Es hora de descubrir cómo superar éstas cadenas que antes no veía, porque sólo veía esa gigantesca responsabilidad. Me enfrento a otros miedos ahora. Me estanco en otros miedos en estos días.
Los más críticos podrán decir “ésta mina nunca está tranquila o conforme”. A veces yo también lo pienso así y me decae. Pero en momentos más optimistas prefiero asumir que no es buena la conformidad y que es deseable estar siempre cuestionándose qué son las cosas que a uno lo atan y no te dejan evolucionar.
Tengo miedos muy básicos, que no son peligrosos. Pero a veces uno tiene miedos que son prioridad enfrentar para dejarse vivir. Y el punto que más me llama la atención es que éstos miedos que veo en mi hoy no los he reconocido desde mi, sino de la observación y meditación del miedo ajeno. El temor de otras personas que produce cambios, efectos, sentimientos en uno mismo. La parálisis del terror ajeno también te impide evolucionar en conjunto. Es decir, ni tan ajeno, hablo del miedo de los cercanos, de los queridos.
He visto en gente querida el miedo a no ser quien se es. El miedo de no saber quién se es. ¿Uno es uno o quienes te constituyen?. El gran terror de lo que te van a decir, de cómo tus amigos o familia van a pensar si tomas una elección u otra, si te comportas de acuerdo a un impulso irracional, si te dejas flotar en una ola. Si miras lo verde, te gusta el verde, quieres el verde y sabes que los que te rodean dirían que mirarlo, gustar de él o desearlo es absurdo y te hace parecer un absurdo a ti también. Tienes miedo a decirlo, horror al análisis y la mala crítica. A mi también me sucede. Sé qué piensan mis cercanos qué es lo que debería hacer…sé racionalmente qué es lo que debería hacer, pero tengo temor también a que mi impulso más básico me lance a hacer lo contrario, tal vez lo erróneo, lo que me haga sufrir, pero, al fin y al cabo, lo que deseo. Es ahí donde uno se estanca. No sabes si cruzar la línea y lanzarte a hacer lo correcto o lo incorrecto, y a veces eres tan mediocre que simplemente no haces nada, dejas ir el instante para que el tiempo tome una elección por ti. El problema con eso, es que no superas el momento. No hiciste nada, no saltaste la valla, por lo tanto ni caíste estrepitosamente ni tampoco quedaste en tus dos pies. Simplemente no saltaste. El miedo al error nos hace tibios y cobardes, y el experimento nos hace felices o sufridos, pero intensos, por sobre todas las cosas.
Sin haber sido nunca una elección bien pensada, me declaro intensa, y como escuché por ahí, la valentía no es propiedad de quien no teme, sino de quien teme y aún así se arriesga. Es sólo por esa razón que no me considero cobarde pese a temerle a tantas cosas.
Van a aparecer más miedos. Como encrucijadas. Me voy a hacer cargo de cada uno de ellos. I won’t stuck in a moment.
"I will not forsake
The colors that you bring
The nights you filled with fireworks
They just left you with nothing
I am still enchanted
By the light you brought to me
I listen through your ears
Through your eyes I can see
You are such a fool
To worry like you do.. Oh
I know it's tough
And you can never get enough
Of what you don't really need now
My, oh my
You've got to get yourself together
You've got stuck in a moment
And you can't get out of it
Oh love, look at you now
You've got yourself stuck in a moment
And you can't get out of it"
Habiendo pasado demasiadas lunas y trasnoches desde la última vez que escribí, hoy siento la “insoportable levedad”de la libertad. Bueno, quisiera no ser tan detallista, pero no evito pensar que la libertad plena es algo que no sólo no he recuperado, sino que posiblemente nunca he tenido. Siempre estamos encadenados a cosas, principalmente miedos. Uno de mis mayores miedos…una de mis más gruesas cadenas ha sido cortada. Me doy poco crédito al decirlo así. La he cortado yo, lo planteo con más propiedad. He traspasado mi gran barrera desde hace años. Finalmente terminó el proceso y me he convertido en la profesional que anhelaba ser hace tantos años, la profesional que ya me consideraba hace tiempo. Ya no hay excusas, no hay temores, soy buena, lo han reconocido…Me es grato darle ese honor a quienes me quieren y confiaron en mi, tantas veces, más de lo que yo confié en mi.
Por increíble que esto parezca, superando mi mayor miedo, no me siento libre. Mucho pregoné de “cuando recupere mi libertad”, “cuando me desate de éstas amarras”, “cuando tire esta carga por la borda”…me siento a descubrir que no todas mis cargas se han desvanecido y que hay grilletes pesados que me siguen atando. Es hora de descubrir cómo superar éstas cadenas que antes no veía, porque sólo veía esa gigantesca responsabilidad. Me enfrento a otros miedos ahora. Me estanco en otros miedos en estos días.
Los más críticos podrán decir “ésta mina nunca está tranquila o conforme”. A veces yo también lo pienso así y me decae. Pero en momentos más optimistas prefiero asumir que no es buena la conformidad y que es deseable estar siempre cuestionándose qué son las cosas que a uno lo atan y no te dejan evolucionar.
Tengo miedos muy básicos, que no son peligrosos. Pero a veces uno tiene miedos que son prioridad enfrentar para dejarse vivir. Y el punto que más me llama la atención es que éstos miedos que veo en mi hoy no los he reconocido desde mi, sino de la observación y meditación del miedo ajeno. El temor de otras personas que produce cambios, efectos, sentimientos en uno mismo. La parálisis del terror ajeno también te impide evolucionar en conjunto. Es decir, ni tan ajeno, hablo del miedo de los cercanos, de los queridos.
He visto en gente querida el miedo a no ser quien se es. El miedo de no saber quién se es. ¿Uno es uno o quienes te constituyen?. El gran terror de lo que te van a decir, de cómo tus amigos o familia van a pensar si tomas una elección u otra, si te comportas de acuerdo a un impulso irracional, si te dejas flotar en una ola. Si miras lo verde, te gusta el verde, quieres el verde y sabes que los que te rodean dirían que mirarlo, gustar de él o desearlo es absurdo y te hace parecer un absurdo a ti también. Tienes miedo a decirlo, horror al análisis y la mala crítica. A mi también me sucede. Sé qué piensan mis cercanos qué es lo que debería hacer…sé racionalmente qué es lo que debería hacer, pero tengo temor también a que mi impulso más básico me lance a hacer lo contrario, tal vez lo erróneo, lo que me haga sufrir, pero, al fin y al cabo, lo que deseo. Es ahí donde uno se estanca. No sabes si cruzar la línea y lanzarte a hacer lo correcto o lo incorrecto, y a veces eres tan mediocre que simplemente no haces nada, dejas ir el instante para que el tiempo tome una elección por ti. El problema con eso, es que no superas el momento. No hiciste nada, no saltaste la valla, por lo tanto ni caíste estrepitosamente ni tampoco quedaste en tus dos pies. Simplemente no saltaste. El miedo al error nos hace tibios y cobardes, y el experimento nos hace felices o sufridos, pero intensos, por sobre todas las cosas.
Sin haber sido nunca una elección bien pensada, me declaro intensa, y como escuché por ahí, la valentía no es propiedad de quien no teme, sino de quien teme y aún así se arriesga. Es sólo por esa razón que no me considero cobarde pese a temerle a tantas cosas.
Van a aparecer más miedos. Como encrucijadas. Me voy a hacer cargo de cada uno de ellos. I won’t stuck in a moment.
"I will not forsake
The colors that you bring
The nights you filled with fireworks
They just left you with nothing
I am still enchanted
By the light you brought to me
I listen through your ears
Through your eyes I can see
You are such a fool
To worry like you do.. Oh
I know it's tough
And you can never get enough
Of what you don't really need now
My, oh my
You've got to get yourself together
You've got stuck in a moment
And you can't get out of it
Oh love, look at you now
You've got yourself stuck in a moment
And you can't get out of it"
Suscribirse a:
Entradas (Atom)