viernes, mayo 12, 2006

Sweet surrender?

¿Por qué será que últimamente me gustan las sorpresas?...o no sé si la palabra “sorpresa” define mi adicción actual al contacto con lo irregular, con lo impulsivo, con lo fuera de esquema, con lo que no tiene horario. Todo aquello que no tiene necesariamente un nombre, una fecha de elaboración o vencimiento, un lugar o un contexto. Ahí parece estar la clave, en ésta otra palabra “descontextualización”. Pero todo con una gran cuota de espontaneidad.

Anoche, un poco antes de salir de la oficina una amiga me dice “¿por qué no te vienes pa mi casa?”. Le respondí “¿hoy jueves?, ¿teniendo que trabajar mañana?”. Me dio un rotundo y simple “Si”, y pensé “bah, ¿por qué no?". Una conoce a sus amigas, y se conoce CON sus amigas, y yo sabía perfectamente que no era un asunto de ir a comer juntas y tomar un aperitivo y luego irnos a dormir a las 23:00 hrs. No…esto era pa largo. Esto eran dos mujeres solas, una botella de pisco, una de Coca Light, dos cajetillas de cigarrillos y un cenicero al medio. La nota femenina sería dada por un florero con hierberas y dos velas aromáticas. Esto era pa largo, pero me importó un pucho la amenaza de dormir 3 hrs., no tener mi cosmetiquero para maquillarme al día siguiente y llegar con jaqueca a la pega. Así que le dije “bueh, no será ni la primera ni la última vez (que seamos deliberadamente irresponsables)” y partí.

La charla fue buena, como siempre. Claro que hablé mucho más yo que ella. Debe ser por mi estado de confusión y búsqueda en que tengo mucho, mucho que decir, que contar, que preguntar. No omito los detalles, me gusta ser precisa en decir las cosas buenas y las cosas malas de lo que me sucede para que me puedan dar una opinión lo más objetiva posible o un consejo realmente apropiado a las circunstancias. Así fue, creo.

Sigo con el tema de los miedos. Es un “subject” recurrente en mi y en mis publicaciones. Ya hace tiempo me di cuenta de que el destino ha sido confrontacional conmigo. Sólo basta que yo diga “no quiero que me pase tal cosa”, para que suceda. Basta con que declare “esa situación es algo que yo no podría tolerar física o emocionalmente”, para que los astros se alinien de tal forma en que yo deba enfrentarme, sí o sí, a eso. Entre otras cosas, ella me dijo “uno decreta lo que le sucede, y escúchame, weona, uno siempre sabe…tu siempre hai sabido, hai olido lo que te va a pasar en tal situación o con tal persona, que te hagas la weona un rato es OTRO tema, pero no me vengai con wevadas, tú lo sabíai”. Y no me quedó más remedio que mirar con ojos de “me declaro culpable de eso: sí, yo lo sabía”.

Pero tampoco uno lo sabe todo, sino qué simple sería la vida. Uno sabe la parte en que se conoce, la parte que uno advierte. Pero nada de eso decreta cómo van a suceder las cosas cuando el rumbo de ellas dependen (y en TODO SIEMPRE dependen) de otras personas. Uno puede intuir (o saber, como diría mi amiga) qué es lo que le va a sentir uno, incluso lo que va sentir la otra persona. Puedes saber qué decisiones vas a tomar tú y por qué, pero ahí está el abismo…no puedes saber nunca qué decisión va a tomar el otro, teñidas de quién sabe qué pensamientos o sentimientos o traumas. Es heavy, y no pasa sólo en la relaciones que establecemos con nuestros amigos, parejas, familias. Pasa en cualquier contexto en que uno tenga que relacionarse con otro. Aunque tu relación con ese otro no sea íntima, es imposible descartar que en su trato hacia ti no hayan tintes de un mal día, de una jaqueca, de una desilusión. Todos, asuntos que no te conciernen, pero que te van a afectar a la hora de que tu jefa te encargue una tarea con mayor o menor amabilidad, por ejemplo.

Tengo una mezcla de sentimientos. Estoy encantada con lo que me sucede, pero al mismo tiempo le temo a mi actual afición a lo desconocido, a lo riesgoso, a meterme en las patas de los caballos, a lo que suena a problemas y luchas. Aunque esa lucha sea tan absurda y poco importante como haber estado cabeceando toda esta mañana en la oficina porque anoche me fui de borrachera con mi amiga. Eso me tiene sorprendida de mi. Yo siempre sentí que me conocía tanto, pero ahora me miro al espejo y mi reflejo me emplaza con un “¿por qué quieres hacer esto?, ¿sabes al menos qué es “esto”?” Y el 80% de mi, que está afuera del espejo, responde “no lo sé, y no me importa ahora, quiero hacerlo”. Me extraño. ¿Seré idiota sin remedio? O simplemente estoy descubriendo que me agrada la parte de mi en que asume que se caga de susto, pero también reconoce que existe el “point of no return”, que es ese momento en que ya no hay paso atrás. Estás metida en lo que estás metida y punto, asúmelo, cómetelo.

Mi amiga dijo otra cosa anoche. “Si estai pensando en que no vai a llorar, estai cagá. Vai a llorar igual. Imposible no sufrir”. Esto me hizo mucho sentido. ¿Cómo va a ser posible no sufrir cuando buscas la felicidad?. Si cualquier cosa que nos da lo mismo, que no nos brinda alegría, tampoco nos haría derramar lágrimas. Eso fue aterrorizante, pero también me trajo algo de consuelo. ¿Si no puedo evitar sufrir, por qué he de detenerme en conseguir la alegría?, ¿Para qué tenerle miedo a sufrir si eso es algo inevitable? Como la muerte. Es imposible vivir en la negación de que va a ocurrir y que no depende de ti.

¿Será una nueva parte de mi?. Posiblemente no es tan nueva. En verdad creo que siempre he sabido que soy mucho más sentimiento que razón, pero el miedo siempre me ha llevado a inscribirme en los terrenos de la lógica. Bueh, no siempre. Reconozco que he tenido impulsos irreprimibles en algunas ocasiones, pero ahora no tengo ganas en absoluto de reprimirme nada. Lo que no sé es qué parte de mi ganará esta lucha. ¿Será que en el camino el temor absurdo (absurdo, porque ya sabemos que el sufrimiento es inevitable en algun punto) me hará frenar?, ¿o será que finalmente mi corazón no estará dispuesto a cederle espacio a mis pensamientos?.

Al final de la noche mi amiga me miró con una cara de alegre condescendencia. Yo le dije “estoy cagá” mientras pensaba “me rindo, i give myself in sweet surrender”. Ella respondió “estai cagá hace rato”. Y nos reimos.

PD: Una cita ñoña, pero que me vino a la cabeza todo el rato mientras escribí: “Do you hear that? Is the sound of inevitability. Never send a human to do a machine’s job”

2 comentarios:

Anónimo dijo...

He leído tu blog casi todo. Me impresiona y agrada muchísimo.Innumerables son las cosas en común, ciertas perspectivas, ciertos apasionamientos y preguntas, cierta manera de andar en metro, en fin...
Me siento un poco raro escribiendo esto (lo asumo) pero porque no decirtelo.
No dejaré de estar atento a lo que venga. Lo que sea.

amge dijo...

Gracias por el comentario! Fue muy amable...
Empiezo a notar que hay gente que SI me lee!, jajajajaja... :)